Opinión: Libertad de Culto

Causó indignación entre algunos sectores el conocer que en una prestigiosa institución educativa local, a algunas de sus estudiantes no se les permitió acceder al plantel a razón de que el miércoles de Ceniza portaban en sus frentes la señal de la Santa Cruz. Intenté comunicarme con sus padres a fin de conocer en detalle los hechos acontecidos, pero no fue posible. De manera que la apreciación que formulo en las siguientes líneas está más relacionada con la reflexión que me genera el infortunado hecho que con el minuto a minuto.

Suena contradictorio -por no decir ilógico- que un alma máter que incentiva el culto al pensamiento y la libertad de expresión, censure a tres de sus estudiantes, menores de edad, por el legítimo uso de su derecho constitucional. En aras de honrar el equilibrio informativo debo precisar que el correspondiente Liceo expresó disculpas públicas al manifestar que se trató de “Un malentendido” al tiempo en que agregó ser una organización laica; no obstante, su disculpa pareció no convencer a una parte de la opinión pública, incluidos la Diócesis de Pereira y este servidor.

Prohibir el acceso de estas estudiantes por el hecho de portar la Santa Cruz fue un acto coercitivo, independientemente de la “visión laica” del plantel. Según el diccionario de la Real Academia Española, RAE, la palabra Laico significa que se es “Independiente de toda confesión religiosa”. En consecuencia, el acto de sujeción denunciado denotó lo opuesto a lo que el término independencia representa, evidenciando por el contrario la toma de posición.

Según el artículo 19 de la Constitución Política, “Se garantiza la libertad de cultos. Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva. Todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la ley”. En otras palabras, cada persona -incluidas estas niñas- tiene derecho a expresar libremente su orientación religiosa.

Ingerencias sobre la manera que alguien lo haga –cualquiera que sea el plano de la dimensión humana, sin afectar el bienestar de los demás– deberán ser monitoreadas, advertidas y rechazadas por parte de la sociedad. “Ningún hombre es libre si no es dueño de sí mismo”, Epicteto.

 

Fuente: El Diario