El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, expresó la solidaridad de la diócesis para con los hermanos de la comunidad diocesana de Rafaela y su pastor, monseñor Luis Fernández, luego de la agresión sufrida por la puesta en escena en Rafaela de una obra de teatro agraviante y ofensiva a la fe católica.

Al respecto, monseñor Buenanueva repudió el hecho firmemente, al que consideró una forma “particularmente maliciosa de violencia simbólica”. El prelado afirmó que “no es sólo una agresión a la fe de los católicos, sino también a la convivencia ciudadana y a la cultura democrática de todos”.

“Para quienes somos cristianos, estos hechos son leídos, interpretados y calificados como una blasfemia. Incluso como un sacrilegio. Oramos, hacemos penitencia y suplicamos el perdón”, detalló, pero además, y analizando lo sucedido desde un punto de vista cívico, “se trata de una grave ofensa a la libertad religiosa de un grupo considerable de ciudadanos”.

No se ofenden sólo sentimientos o creencias. Se juega con la libertad, porque se lleva la provocación al extremo. Se busca deliberadamente incomodar y zaherir”, continuó.

“¿Constituye un delito? En cuanto blasfemia, se trata de un grave pecado que es también un delito para la ley de la Iglesia que rige la vida de los católicos”, planteó. “Los juristas deberán decir en qué medida una agresión de esta naturaleza a los símbolos de una religión configura también un delito para el derecho penal y civil argentino. Si lo fuera, nos asiste el derecho de reclamar justicia”, consideró.

De modo personal, el prelado añadió su punto de vista: “Junto con la libertad de conciencia y la libertad religiosa, la libertad de expresión constituye el sólido fundamento de la vida de una democracia y su cultura de convivencia ciudadana”, comenzó.

Estoy convencido de que la libertad de expresión, en una sociedad plural y democrática, debe ser todo lo más amplia posible. Ninguna libertad ni derecho son absolutos. Nuestra libertad coexiste con la libertad de los demás. En la interacción de las libertades se consolida la convivencia entre las personas”, añadió.

Además, señaló que “la libertad es una sola” y que “sólo en la más amplia libertad las personas nos abrimos y nos adherimos a la verdad”.

En ese sentido, “la conciencia es precisamente ese lugar donde la verdad se hace transparente a nosotros, nos conquista con su luz propia y se convierte en la guía de nuestro obrar, especialmente cuando se vuelve más onerosa, contradice nuestras apetencias y nos impone la dura disciplina del deber. Solo así somos genuinamente libres”, aseguró.

Ahora bien, para vivir a fondo esta vocación a la libertad hay que estar dispuesto a pagar un precio muy alto, normalmente en cuotas que aparecen una y otra vez en el camino nunca acabado de edificar el bien común”, sostuvo, y detalló: “Una de esas cuotas de alto precio es tener que convivir con algunos ciudadanos que se creen con el derecho de provocar a otros en sus valores espirituales más hondos. Y que, de hecho, lo hagan con manifestaciones como esta que hoy nos ocupa”.

El prelado aclaró: “No pido censura. Reclamo el derecho de protestar, de señalar con claridad la violencia sufrida y de pedir que, llegado el caso, la justicia intervenga” y manifestó que “lo haga o no, los que somos discípulos de Cristo renovamos nuestra vocación a la cultura del encuentro, del amor, del perdón y la reconciliación”.

Citando el Evangelio, el prelado recordó que cuando los discípulos experimentaron que unos samaritanos los rechazaban, se volvieron a Jesús incitándolo a la punición: “Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos? Pero él se dio vuelta y los reprendió. Y se fueron a otro pueblo”.

En ese sentido, reflexionó: “Los tiempos que corren y los que asoman, nos van a solicitar, más de una vez, entrar en esta dinámica evangélica: manifestarle al Señor nuestros sentimientos de bronca y dolor, recibiendo de él esa mirada, esa reprensión sanante y esa invitación a seguir caminando la misión”.

Vamos a requerir del Espíritu ser confirmados en la fortaleza, la paciencia y la valentía de sostener nuestra adhesión al bien, viviendo a fondo la mansedumbre de Jesús, el testigo fiel del Padre”, reconoció.

El amor a nuestra sufrida patria Argentina nos anima también a dar, así, nuestra contribución a secar las fuentes del odio, la violencia y el desprecio del otro que parecen seguir manando a raudales”, concluyó, advirtiendo que “aunque sean pocos los que lo hagan, su elección libre será realmente un germen nuevo para el futuro de todos”.

Fuente: AICA