(Corea) ¿El Papa en Corea del Norte? Antes deben permitir clero y dar libertad religiosa, dice el obispo You

El presidente surcoreano Moon Jae-in, que es católico devoto, visitará el Vaticano los días 17 y 18 de octubre y entregará una carta del presidente norcoreano, Kim Jong-un, que invita al Papa Francisco a Corea del Norte.

Pero en Corea del Norte no se permite ejercer a ni un solo sacerdote. En un país de 25 millones de habitantes, donde antes de la Guerra de Corea había numerosos católicos, hay hoy solo una “parroquia” con unos doscientos miembros de una “asociación católica”, que se reúnen a rezar, sin sacerdote ni Eucaristía ni confesiones. Es un paripé para enseñar a los extranjeros. Y, evidentemente, no se permite en el país predicar fuera del edificio ni organizar comunidades católicas (católicas de verdad). Hay analistas que consideran que puede que haya unos diez mil católicos clandestinos que para rezar el Rosario fingen contar habichuelas.

En Corea del Sur llevan años preparando sacerdotes con mentalidad misionera, para que entiendan cómo es la gente del Norte, esperando que algún día puedan cruzar el Telón de Bambú (la frontera más peligrosa del mundo, se dice) para evangelizar al otro lado.

Lázaro You Heung-sik, obispo de Daejeon, en Corea del Sur, habla de la invitación norcoreana con Bernardo Cervellera, de la agencia AsiaNews. You es el delegado surcoreano en el Sínodo de los Jóvenes que se celebra en Roma estos días.

– Monseñor You, ¿cuál es el sentido de esta invitación, absolutamente nueva, que Kim Jong-un le dirige al Papa Francisco?

– Pienso que para Kim Jong-un, una visita del Papa serviría para la normalización de las relaciones internacionales con los demás países. La noticia es muy positiva, pero, a mi modo de ver, aún hay mucho que hacer, y hay que entender que esto requerirá tiempo, para que haya progresos. En diplomacia se procede dando pequeños pasos, y todavía es necesario presentar una carta oficial para invitar al Papa y luego aguardar la respuesta. Además, hay que tener presente que las visitas del pontífice son ante todo pastorales, no políticas. No pienso que sea posible organizar la visita en tiempos breves.

»En el pasado se había apuntado a entablar cierta relación entre Pyongyang y el Vaticano: el embajador norcoreano para Italia, que murió hace pocos años, tenía una relación excelente con la Iglesia católica y hubiera querido invitar a alguien de la Santa Sede. Sin embargo, después de su muerte, no se hizo nada al respecto.

» Cuando me enteré del acuerdo provisorio entre la Santa Sede y la República Popular de China, pensé: “Esto podría tener una influencia positiva incluso sobre Corea del Norte, que depende mucho de Beijing”.

» Quisiera notar que para recibir al Santo Padre en Pyongyang, sería preciso poner en acto ciertas condiciones por parte de Corea del Norte: por ejemplo, aceptar la permanencia de sacerdotes en el Norte y garantizar una mayor libertad religiosa al pueblo norcoreano. Estas dos iniciativas, que están estrechamente conectadas, serían los signos más concretos de que hay un cambio de rumbo en la posición de Corea del Norte delante de todos los países del mundo.

– ¿Cómo ha recibido la noticia el pueblo surcoreano?

– Todos los medios surcoreanos han destacado mucho la noticia, que fue muy favorablemente recibida por toda la comunidad. La cuestión es muy delicada, porque cuando hay tantas expectativas puestas en algo, si surge un fracaso, duele todavía más. Podemos aguardar, rezar, pero que la Santa Sede acepte o no la invitación, es otra cosa. Cuando visite el Vaticano el 17 y el 18 de octubre, el presidente Moon hablará con el Papa y con el Card. Parolin y será más concreto y específico. Por ahora, sólo podemos basarnos en las pocas declaraciones brindadas por el vocero del presidente.

– ¿No hay posiciones críticas, es decir, de personas que exigen que no se olvide la persecución ocurrida, que todavía continúa, en el Norte?

– En el pasado mes de julio, Mons. Gallagher vino a Corea, invitado por el Estado. Cuando hubo terminado con los encuentros oficiales con el presidente y los ministros, él se reunió con diputados católicos de todos los partidos. Los diputados son 300 en total, y 76 son católicos; cuando menos 50 de ellos vinieron al encuentro y eso de por sí ya es un milagro. El encuentro entre el arzobispo Gallagher y los diputados duró una hora y media.

» Entre los participantes había uno que no estaba contento con el reacercamiento entre las dos Coreas. Éste exclamó: “La Santa Sede siempre está muy interesada en las cuestiones de derechos humanos. Sin embargo, ahora solamente se habla de paz”. Mons. Gallagher le respondió: “Los derechos humanos son importantísimos, pero si hay guerra, ésta destruye todo. Es por eso que la paz tiene un lugar prioritario en las preocupaciones de la Santa Sede”. En Corea, los que al principio se mostraban críticos con respecto al diálogo, al ver que se han ido dando pasos concretos, están cambiando de idea. Esta es la situación actual en Corea.

Fuente: Religión en Libertad