(Ponencia) La libertad religiosa en la República Dominicana (Primera Parte)

El país de donde provengo es la República Dominicana, una hermosa isla caribeña de 48 mil kilómetros cuadrados, que comparte el territorio insular con la República de Haití.

Mi país tiene una muy identidad especial en cuanto al aspecto religioso se refiere.

El principal padre la patria y fundador de la nación dominicana, Juan Pablo Duarte, era un seguidor de la fe cristiana católica, y en todos los planes que desarrolló para lograr la independencia nacional, siempre puso como soporte y guía de sus acciones a Dios.

Incluso, el lema de la República Dominicana es “Dios, Patria y Libertad”.

Y aún más: somos la única nación del mundo que en su escudo tiene una Biblia abierta con el versículo de Juan 8:32, el cual dice: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

Fruto de esa realidad, la nación dominicana ha caminado un sendero histórico donde la libertad religiosa, sobretodo de la fe católica, siempre ha tenido amplios niveles de tolerancia.

Y al igual que en casi todos los países de América Latina, la iglesia católica ha sido y es parte importante del poder político y social.

Es necesario decir en este aspecto, que como resultado de la gran influencia de la fe católica en nuestra nación, la República Dominicana ha tenido dos sacerdotes como Presidentes de la República: El Padre Fernando Arturo de Meriño en 1880 y Monseñor Alejandro Nouel, en 1912.

Los momentos donde ha habido limitaciones para el ejercicio de la libertad religiosa en nuestra nación, están directamente vinculados a situaciones de crisis políticas o institucionales, en las cuales la jerarquía de la iglesia católica ha jugado un papel protagónico.

Uno de esos momentos de mayor dificultad, fue a finales del régimen de Rafael Leónidas Trujillo, un dictador dominicano que durante 31 largos años gobernó con mano férrea la nación dominicana.

Desde sus inicios en 1930, el dictador Trujillo logró desarrollar una serie de acuerdos con la Iglesia Católica dominicana mediante los cuales les proporcionó múltiples beneficios y facilidades. El punto máximo de estos acuerdos se alcanzó con la firma de la famosa Ley del Concordato con el Estado Vaticano.

Pero a medida que el régimen iba cercenando las libertades públicas y cometiendo innumerables abusos y asesinatos de opositores, la Iglesia Católica se fue alejando de Trujillo.

En enero de 1960, después que la tiranía cometiera el horrendo asesinato de Las Hermanas Mirabal, tres heroínas de la patria dominicana, la Iglesia Católica publicó una Carta Pastoral donde criticaba duramente el régimen y pedía el cese de la represión política.

Justo ese momento ha sido uno de los más terribles de limitación del ejercicio de la libertad religiosa en nuestra nación, pues el dictador fue implacable en contra de la iglesia católica.

Después de esa carta pastoral, Trujillo cerró y quemó templos católicos, apresó, maltrató, humilló y deportó a muchos sacerdotes. Le hizo la vida imposible a todo lo que estuviera ligado a la iglesia, hasta que el 30 de mayo de 1961, el dictador Trujillo fue acribillado a balazos por un grupo de patriotas.

De ahí en adelante, y hasta el día de hoy, la iglesia católica dominicana sigue jugando un papel de gran importancia en todo el desenvolvimiento social, cultural, político y económico de la República Dominicana.

Pero, sin ánimos de crear polémicas con mis hermanos de la fe católica, debo afirmar que a partir de la década de 1960, la religión católica ha estado perdiendo adeptos y los sectores cristianos no católicos hemos estado viviendo un amplio, permanente y ascendente crecimiento, que hoy nos ubican como uno de los grupos de fe de mayor cantidad de seguidores, alcanzando en estos momentos un 30% de la población dominicana.

Y como es lógico entender, eso también nos ha colocado en la lucha por la vigencia plena de la Libertad Religiosa.
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(Ponencia en el 25 Simposio de Religión y Derecho Internacional de la Universidad Brigham Young de Utah, Estados Unidos, y la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días).

 

Fuente: El Caribe