(España) El Supremo ratifica 6 meses de cárcel para un hombre que interrumpió una misa con gritos a favor del aborto

El tribunal considera que se extralimitó en el ejercicio de la libertad de expresión y que vulneró el derecho a la libertad religiosa y de culto

El Tribunal Supremo ha confirmado la condena a seis meses de prisión por un delito contra los sentimientos religiosos impuesta a hombre que interrumpió, junto a otras personas, una misa en la iglesia Sant Pere de Banyoles (Gerona) en 2014 con gritos a favor del aborto “libre y gratuito”.

También exhibió una pancarta en el altar con la frase “fuera rosarios de nuestros ovarios” y arrojó pasquines con mensajes similares. La Sala de lo Penal considera acreditado que se extralimitó en el ejercicio de la libertad de expresión y que vulneró el derecho fundamental a la libertad religiosa y de culto.

El condenado es Jaume Roura Capallera, que ya fue culpado por quemar en 2007 una fotografía del Rey, el primero de varios episodios de ese tipo que durante un tiempo llegaron a la Audiencia Nacional. Su abogado de entonces y ahora, Benet Salellas, llevó el caso al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, que acabó estimando su demanda.

En la sentencia comunicada este lunes, el Supremo recuerda su propia doctrina, la del Tribunal Constitucional y la del Estrasburgo relativa a que los derechos fundamentales a la libertad de expresión, reunión y manifestación no son derechos absolutos, y que pueden entrar en colisión con otros derechos fundamentales como el de la libertad religiosa.

Así, considera que la condena de la Audiencia Provincial “no ha vulnerado la libertad de expresión, reunión y manifestación” del acusado porque ésta “no se funda en su ideología a favor del aborto o en la crítica realizada frente a la Iglesia Católica por su postura ante la reforma de la Ley del aborto que fue propugnada” por el entonces ministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón “sino en el modo, tiempo y lugar en que la manifestó externa y públicamente en los términos que han sido descritos, extralimitándose en el ejercicio de la libertad de expresión y vulnerando sin ninguna ‘necesidad social imperiosa’, en palabras del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, el derecho fundamental a la libertad religiosa y de culto”.

Perturbó el sentimiento de los feligreses

El Alto Tribunal relata: “Con su acción, el acusado interrumpió unos minutos la ceremonia religiosa, perturbando el acto, y con ello el sentimiento de los feligreses que se encontraban en aquel momento congregados celebrando un acto importante para su confesión religiosa. Ello obligó a que se detuviera el oficio y a que los feligreses permaneciesen sentados en el banco que ocupaban sin enfrentarse a los manifestantes y sin poder continuar con la celebración de la ceremonia religiosa. El oficiante se tuvo que sentar en una de las sillas laterales de la zona del altar a esperar, según sus propias palabras y como se expresa en la sentencia de la Audiencia, a que parase ‘el ruixat’ (el chaparrón). Con ello se ocasionó un impedimento, interrupción o perturbación grave del acto o ceremonia religiosa que se estaba celebrando en el interior del templo católico”.

Por ese motivo, la sentencia concluye que el acusado “se extralimitó en el ejercicio de su derecho a la libertad de expresión al violentar de formar arbitraria e injustificada el derecho fundamental a la libertad religiosa y de culto” que garantiza el artículo 16.1 de la Constitución. La ponente de la sentencia ha sido la hasta hace muy poco magistrada de la Audiencia Nacional Carmen Lamela, que acaba de incorporarse a la Sala Penal del Supremo.

 

Fuente: El Mundo