(China) China y el incremento de los abusos contra los derechos humanos: recuerdos de Mao

Cuando, recientemente, el Departamento de Estado de los Estados Unidos dio a conocer públicamente su edición 2018…

Cuando, recientemente, el Departamento de Estado de los Estados Unidos dio a conocer públicamente su edición 2018 de su trabajo intitulado ‘Informe sobre Prácticas de Derechos Humanos por País’, China ocupó un lugar destacado, pero no precisamente debido a logros positivos.Este informe de carácter anual, presentado el pasado 13 de marzo, arroja nueva y cruda luz sobre China y sus recurrentes abusos contra los derechos humanos, incluyendo prácticas tales como persecución religiosa, internación de personas pertenecientes a la minoría uighur en campos de reeducación, y monitoreo incrementado de sus propios ciudadanos. Muchos presumieron que la veloz transformación económica china hubiera conducido, automáticamente, a mejoras en el ámbito de las libertades civiles y los derechos humanos. En lugar de ello, China se ha vuelto una nación más opresiva. 

Lo que está sucediendo hoy día en Xinjiang en mucho se asemeja a la Revolución Cultural de Mao Zedong. Y, en la China moderna, el Estado cuenta con una tecnología cada vez más avanzada, a la hora de consolidar sus objetivos de índole totalitaria.

El informe del Departamento de Estado subrayó una serie de prácticas draconianas por parte de la República Popular. El informe describe la represión china contra el ‘extremismo’, lo cual resultó en la ‘detención, desde 2017, de entre 800 mil y hasta, posiblemente, 2 millones de uighurs, kazakos y otros musulmanes, en centros dedicados a la ‘transformación a través de la educación’. Estos ‘centros de reeducación’ han sido diseñados para instigar patriotismo y fidelidad al Estado, por sobre la lealtad étnica y religiosa. Las referidas prácticas fueron etiquetadas como los peores abusos ‘desde los años treinta’.   

En su legislación que regula sobre asuntos religiosos, China equipara a todo sistema religioso con actividades extremistas, y evalúa con idéntica etiqueta a la oración, al ayuno religioso, y a la abstención de ingesta de alcohol. A efectos de monitorear tales comportamientos, China utiliza variados formatos de monitoreo, incluyendo seguimientos a través del Internet, vigilancia en video, y un modelo de ‘doble vía‘ hogareño, a través del cual se conmina a los ciudadanos a espiar a sus pares.  

Más allá de la represión ejercitada contra minorías y grupos religiosos, los esfuerzos draconianos de vigilancia afectan, en rigor, a la totalidad de los ciudadanos chinos.

El informe presentado por el Departamento de Estado observa la implementación y el desarrollo contínuos de un ‘sistema de crédito social’, que monitorea ‘los registros académicos, las violaciones de tránsito, la presencia en redes sociales, la calidad de las amistades, la adhesión a las regulaciones sobre control de la natalidad, el desempeño en el propio empleo, hábitos de consumo, y otras cuestiones‘. A medida que el sistema se vuelve más avanzado, el gobierno se ha mostrado más agresivo al momento de implementar reprimendas. Los medios de comunicación estatales afirman que se ha bloqueado un total de 11 millones de traslados aéreos, debido a los ‘bajos puntajes’ obtenidos por ciudadanos.

Asimismo, el trabajo examina los más novedosos esfuerzos chinos tendientes a suprimir contenidos en el Internet, incluyendo la creación de la Administración China en el Ciberespacio, que ha clausurado un estimado de 128 mil sitios web, solo en 2017. Adicionalmente, plataformas como Google, Facebook, Twitter e Instagrama, así como también cualquier información que se comunique sobre Taiwan, el Dalai Lama y la masacre de Tiananmen de 1989, ha sido completamente eliminada de la Red. Por estos momentos, se evalúa que el gobierno emplea a decenas de miles de individuos, los cuales se desempeñan monitoreando contenidos online, y también promocionando propaganda gubernamental.

Pero la influencia china en el Internet trasciende las propias fronteras, y ha alcanzado ramificaciones más extensas en lo que tiene que ver con la relación con terceros países. Recientemente, se obligó a Mercedes-Benz a presentar una disculpa ante lso consumidores chinos, tras haber citado al Dalai Lama en un post de Instagram. En lugar de que las firmas occidentales utilicen su influencia para que Pekín morigere su sistema totalitario, se observa el proceso opuesto. Así, por ejemplo, la aerolínea estadounidense Delta Airlines y la firma española Zara (del rubro indumentaria) se vieron forzados a disculparse ante China, luego de haber listado al Tibet, a Hong Kong a Macao y a Taiwan como países independientes de Pekín.

De igual manera, esta influencia se ha hecho extensiva a Hollywood, en donde la influencia ejercitada por censores chinos ha llevado a cambios en los guiones de numerosas películas de gran taquilla, a efectos de morigerar el tratamiento de temas que pudieren tomados ser con sensibilidad por China. Por su parte, la República Popular parece no tener problema alguno, por cuanto produce películas que buscan promocionar la política exterior de su gobierno, al tiempo que arengan a toda suerte de sentimientos estadounidenses. Un ejemplo de ello es la taquillera película china ‘Wolf Warrior II’, que contiene material antiestadounidense y, en esencia, es la versión china de las series anti-rusas protagonizadas por el actor Sylvester Stallone en ‘Rambo’, en los años ochenta.

Gracias al carácter global de la economía china, los avances tecnológicos y la infuencia que ejerce sobre inversores del extranjero, Pekín ha logrado dar un paso adelante a la hora de efectuar controles estatales sobre sus ciudadanos.

Amén de ello, y debido al éxito que su economía pseudocomunista exhibe en el escenario mundial, otros países han sido obligados a someterse a sus estricta legislación de censura.

Estados Unidos debería considerar, cautelosamente, un compendio de medidas que hagan responsable a la República Popular China a partir de las serias violaciones contra los derechos humanos que se registran en esa nación del Asia -no solo porque es lo correcto sino porque, de no prestar al tema la atención que merece, las política extremas de Pekín continuarán obstaculizando a los procesos libertarios mucho más allá de sus fronteras.

Fuente: El Ojo Digital