Historia de la Libertad Religiosa en México

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en el Artículo 24 protege la Libertad Religiosa:

“Todo hombre es libre para profesar la creencia religiosa que más le agrade y para practicar las ceremonias, devociones y actos de culto respectivo, en los templos o en su domicilio particular, siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley”.

La defensa de la Libertad Religiosa ha sido un camino largo y complejo qué, aun cuando se ha avanzado en su materia, nos falta mucho por transitar. Es importante saber qué pasos se han dado y continuar su fortalecimiento.

Las primeras Constituciones en México fueron impulsadas por modelos monárquicos que reconocían una sola religión oficial para el Estado, como lo fue la Constitución de Cádiz en España.

 

El Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, mejor conocida como la Constitución de Apatzingán de 1814, tampoco reconocía la diversidad de denominaciones religiosas ya que se creía que eso “afectaría los derechos civiles de las personas”.

 

 

 

 

Pasaron muchos años, y fue gracias a las Leyes de Reforma (1854 – 1857) y la “Ley Juárez” (1855) que existió una separación entre Iglesia y Estado, lo que pavimentó el camino hacia la Constitución Política de 1917 la cual adoptó los principios en favor de la libertad de culto, reconociéndola en el artículo 24 y el 129 (ahora el 130). Estos artículos regían las condiciones en que el Estado y las organizaciones religiosas coexistirían y garantizaban la libertad de credo. Fue hasta 1925 que estas leyes fueron aplicadas por el gobierno de Plutarco Elías Calles.

 

Aún con algunas limitaciones, estos artículos garantizaron el comienzo de una nación más plural en cuanto a sus creencias y al mismo tiempo reconocían las condiciones externas e internas de la Libertad Religiosa. Las restricciones a las expresiones públicas o a la agrupación con fines religiosos fuera de los templos, existieron por seis décadas más. Fue a finales de los años 80’s del siglo pasado que se llevaron a cabo modificaciones que coinciden con las perspectivas contemporáneas sobre Derechos Humanos que enfatizan la protección y defensa de la Libertad Religiosa.

 

En 1992 se hicieron cambios a los artículos 24 y 130 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en la cual el artículo 24 establece que el Congreso no puede dictar leyes que establezcan o prohíban religión alguna y permite la celebración de actos de culto fuera de los templos, de igual manera el artículo 130 mantiene la separación entre Iglesia y el Estado, permitiendo que los ministros de culto tengan el derecho a votar. Esta reforma a la Constitución trajo como consecuencia la creación de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público que se promulgó en julio de ese mismo año.

 

La Libertad Religiosa se ha fortalecido con las reformas constitucionales en materia de derechos humanos como la de junio de 2011 la cual incorpora a los derechos humanos establecidos en tratados internacionales, ampliando el reconocimiento de la Libertad Religiosa más allá del Artículo 24 constitucional; esto añade estándares internacionales de observancia obligatoria como el Artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Artículo 12 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos los cuales hacen referencia a la libertad de pensamiento, conciencia y religión.

Ha sido un camino largo para la Libertad Religiosa en México, sin embargo, actualmente los contenidos en la Constitución Mexicana en esta materia fomentan la diversidad religiosa en la que el derecho de las personas a adoptar cualquier creencia religiosa y el de participar en ceremonias religiosas de manera pública o privada, están protegidas por la ley y son reconocidos por tratados internacionales de Derechos Humanos.