La Persecusión Religiosa en el 2020 ¿Avanzando o en retroceso?

La persecución religiosa es el maltrato sistemático de un individuo o grupo de individuos como respuesta a sus creencias religiosas o afiliaciones o falta de ellas. La tendencia de las sociedades o grupos dentro de la sociedad a alienar o reprimir diferentes subculturas es un tema recurrente en la historia humana. Además, debido a que la religión de una persona a menudo determina en gran medida su moralidad, visión del mundo, autoimagen, actitudes hacia los demás e identidad personal en general, las diferencias religiosas pueden ser factores culturales, personales y sociales importantes.

La persecución religiosa puede ser provocada por el fanatismo religioso o por el Estado cuando ve a un grupo religioso en particular como una amenaza a sus intereses o seguridad. A nivel social, esta deshumanización de un grupo religioso en particular puede convertirse fácilmente en violencia u otras formas de persecución. De hecho, en muchos países, la persecución religiosa ha resultado en tanta violencia que se considera un problema de derechos humanos.

La persecución a lo largo de los siglos a menudo ha sacado lo mejor de los creyentes (de todas las religiones y de ninguna), aclarando lo que defendieron hasta el punto de morir por ello. Pero seguramente en el siglo XXI no hay necesidad de eso, ¿será que la tolerancia está en crecimiento?

En lo más mínimo. En este momento, más personas son perseguidas por su fe que nunca, y la gran mayoría de ellos son cristianos, más de 200 millones de ellos en todo el mundo enfrentan una amenaza casi constante para sus vidas y medios de vida.

Esto pasa desapercibido para el occidente secular, aparte de eventos excepcionales como los suicidas que mataron a más de 250 personas en las iglesias de Sri Lanka la Pascua pasada. El legado del colonialismo significa que la mayoría cree que los cristianos son los que están en el poder haciendo la persecución, pero eso no es así.

Por supuesto, no se trata solo de cristianos: los musulmanes se encuentran en una situación terrible en muchos lugares, sino que son el grupo más grande. Los cristianos culturalmente diversos superan ampliamente a los objetivos entre la religión más grande del mundo.

No sorprenderá que Corea del Norte sea el país más peligroso para mantener una fe cristiana en 2020, o que las naciones musulmanas dominen los 50 principales, con más de 30. Afganistán es el segundo, seguido de Somalia, Libia, Pakistán, Eritrea, Sudán, Yemen e Irán. India se ha deslizado hasta el número 10.

Los musulmanes tienden a mostrar una gran solidaridad, viendo un ataque contra cualquiera en la Ummah (la comunidad mundial) como un ataque contra todos. Esta es la razón por la cual los cristianos en los países de mayoría musulmana temen la ira musulmana en otras partes del mundo: los lugareños solo pueden vengarse de los cristianos locales, que se identifican, generalmente de manera equivocada, con Occidente.

El cristianismo tiene en su larga historia, es cierto, sus propias manifestaciones de intolerancia. Como las que tuvieron que ver con la inquisición y con algunas conductas evidenciadas durante las cruzadas, todas muy alejadas del espíritu de paz y generosidad.

No obstante, a partir del Concilio Vaticano Segundo, la defensa de la libertad religiosa está indisolublemente unida a la de respetar las creencias religiosas de los demás. Aún desde el punto de vista del secularismo, la libertad religiosa es, cada vez más, vista como un instrumento a través del cual todos los puntos de vista religiosos pueden contribuir a enriquecer el bienestar de una sociedad, en su conjunto.

Es hora de preocuparse muy seriamente por la creciente realidad de las persecuciones religiosas y por sus enormes atrocidades. Esto es, no sólo por sus motivaciones, sino además por las conductas aberrantes que de ellas se derivan.

También es tiempo de plantear insistentemente a los gobernantes de las naciones en las que ellas ocurren la necesidad prioritaria de que sean enfrentadas -con decisión y recursos- para que cesen, siendo reemplazadas por la prédica sincera del respeto y la tolerancia, virtudes sin las cuales la paz del mundo estará siempre amenazada.