(España) La asistencia religiosa en hospitales públicos, un oficio ‘amenazado’

Actualmente prestan servicio en la Comunidad Valenciana 75 capellanes católicos, de los cuales 33 lo hacen a jornada completa. En el Hospital General de Valencia visitan también Testigos de Jehová, judíos, musulmanes y evangelistas

Es una situación en la que casi todo el mundo se ha encontrado, o se encontrará, en algún momento. Cuando una enfermedad grave obliga a pasar una larga temporada en un hospital, la incertidumbre y la ansiedad afectan el ánimo y la disposición de los pacientes y, también, de aquellos familiares que les acompañan en el trance.

En momentos así, según las creencias que mantenga cada persona, tener a su disposición una asistencia espiritual y religiosa puede ser de ayuda para hallar confort. En el caso de la religión católica, dicha asistencia está garantizada en los centros públicos por un acuerdo suscrito en 1985 entre el Estado y la Conferencia Episcopal.

El texto señalaba que los capellanes deberían contar con «los locales adecuados, tales como capilla, despacho y lugar para residir o en su caso pernoctar, y de los recursos necesarios para su prestación», y establecía que sería el propio Estado el que se haría cargo de financiar este servicio. Esa normativa estatal se adaptó en 1992 a la Comunidad Valenciana con la firma de un convenio entre Sanidad y los obispados de las tres provincias.

Ahora, casi treinta años después, según datos a los que ha tenido acceso El MUNDO, la atención religiosa en los centros hospitalarios públicos valencianos es mayoritariamente católica. Son 75 los capellanes que desempeñan este servicio, de los cuales al menos 33 trabajan a jornada completa. Por provincias, en Valencia habría 15 personas y en Alicante 18 dedicadas al cien por cien a esta labor. Con dedicación parcial, 29 en Valencia, 18 en Alicante y 5 en Castellón.

Los Hospitales que cuentan con más capellanes son los de La Fe, donde dan servicio tres de forma exclusiva y otros tres a tiempo parcial, y el de Xàtiva, con un religioso a tiempo completo y cinco que sólo acuden determinadas horas. En el Clínico y el General de Valencia -que, por otra parte, es el único centro público que paga directamente al Arzobispado en régimen de consorcio- hay tres personas a tiempo completo y dos más con jornada parcial, y en el de Gandía cinco sin dedicación exclusiva.

Respecto al resto de confesiones, en el General de Valencia visitan evangelistas, judíos, Testigos de Jehová y musulmanes, y se realiza también dieta de Ramadán. Además, el Hospital Clínico, La Fe y el Hospital de Gandía cuentan con despachos para evangelistas.

Hablando de dependencias, en el Arnau de Vilanova, La Fe, Gandia, Sagunto y el Hospital de Crónicos Doctor Moliner los capellanes tienen a su disposición habitación y despacho. En el Hospital Doctor Peset y en La Ribera cuentan con sacristía, y en el Universitari de La Plana, en Castellón, existe un espacio que se utiliza como despacho y dormitorio para el capellán.

Los lugares reservados para el culto son también su mayor parte católicos. Entre ellos, las nueve capillas existentes en los hospitales de Alicante o las cinco de Castellón, aunque en esta provincia el Hospital General Universitario alberga un espacio multiconfesional que utilizan musulmanes y evangelistas, y el de La Magdalena ofrece la posibilidad de reservar una sala para otras confesiones.

En Valencia, de las 14 capillas hay seis que están exclusivamente dedicadas a la religión católica: las del Hospital Clínico, Requena, General, La Ribera, Doctor Moliner y Sagunto. Y al menos en el Arnau de Vilanova, Llíria, La Fe, Gandia y Xàtiva se dispone de espacios polivalentes o multiconfesionales.

Este presencia de la religión en los centros hospitalarios dependientes de la Generalitat ha vuelto a despertar voces críticas. Hace sólo unos días, el senador de Compromís Carles Mulet reclamaba al nuevo Gobierno de Pedro Sánchez que garantizara la aconfesionalidad de los centros sanitarios, «no respetada en los convenios exclusivos con la Iglesia Católica». No se trataba, añadía Mulet, de extender la asistencia espiritual al resto de confesiones, sino de «evitar que cualquier religión se inmiscuya» en los hospitales públicos. «Quien tenga vicios, que se los pague», aseguraba este senador para justificar su petición de que ninguna religión reciba fondos públicos.

Y antes, en 2018, la ahora consellera de Transparencia Rosa Pérez Garijo, de Esquerra Unida, ya había señalado que consideraba un «escándalo» que el Consell «destine cada año 856.000 euros a pagar asistencia religiosa en centros públicos», un gasto «nada propio de una sociedad moderna y aconfesional». Esa asignación, según los últimos datos disponibles, se habría acercado al millón de euros en 2019.

Este periódico ha intentado recabar, sin éxito, la opinión de algún representante de la Iglesia que desempeñe su labor en un hospital público. Fuentes cercanas a la jerarquía católica rechazaron pronunciarse, asegurando únicamente que a su entender Carles Mulet hablaba a título personal y que su opinión no era la mayoritaria en Compromís.

Eso es algo que quizá quedó en evidencia el pasado viernes cuando la vicepresidenta Mónica Oltra defendió la libertad de asistencia religiosa en centros sanitarios y sociales, «sea la religión que sea o ninguna», así como el derecho de los usuarios a que «no les pregunten si quieren la extrema unción o si se lo han pensado bien». En su opinión, añadió, «el camino a seguir no es derogar, sino hacer posible una legislación que consagre la igualdad de trato y oportunidades para la libertad religiosa y de culto».

Fuentes próximas a la Iglesia recuerdan que el derecho al asesoramiento espiritual está reconocido por la Organización Mundial de la Salud como algo que puede resultar beneficioso para personas que se hallen en una situación crítica. Y esa asistencia puede tener o no carácter religioso, sea de la confesión que sea, aunque defienden la prevalencia del catolicismo alegando que forma parte de las raíces de Europa y una gran mayoría de personas lo profesa en España. Aunque aclaran también que nunca ha existido un capellán que considere que no tienen que haber otras confesiones religiosas conviviendo con la católica en los hospitales públicos.

Fuente: El Mundo