(España) Monjas de clausura: «Aquí no hay religión que mande. Todo el mundo ayuda como puede»

En el convento de Santa Rita de Jerez se ha dejado de escuchar el timbre de los hornos que avisan de que los dulces ya están listos porque ahora lo que se oye es el sonido de las máquinas de coser trabajando desde por la mañana temprano hasta que se pone el sol. «Sí, es verdad… no paramos de hacer mascarillas». Atiende cautelosa y amable al otro lado del teléfono sor Fátima, la madre priora de esta congregación de clausura. Eso sí, advierte que por favor no quieren protagonismos que está siendo una labor «de todos». «Estamos haciendo lo que otra mucha gente, ayudar en lo que se puede».

Se refiere a plantarle cara al coronavirus y a dar aliento a quienes lo batallan en primera línea. Por ello, este grupo de veinte monjas y muchas más de diferentes congregaciones de la provincia, se han puesto manos a la obra y se han ofrecido para dedicarse casi todo el día a la costura y a armar con piezas de tela esos escudos contra el Covid-19. Y así, desde la semana pasada y tras horas y horas de dedicación solidaria, las agustinas de Santa Rita han hecho ya varios cientos de mascarillas para personal de prisiones, sanitarios, policías, el Hogar de San Juan Dios o la asociación de Oncología de cáncer de mama. Y continuarán. «Haremos todas las que nos pidan mientras tengamos material».

Y ese material, los rollos y rollos de tela les está llegando sin parar también. Desde por ejemplo las empresas textiles que surten a la prisión de Puerto III donde en los talleres confeccionaban fundas de colchones y ahora desde la dirección han decidido emplear esas bobinas para proteger a todo el personal de los centros penitenciarios de El Puerto. «Se puso en contacto con nosotras nuestro obispo y el sacerdote que atiende prisiones, y ni lo pensamos. Claro que sí, le dijimos». O, también, algunas hermandades como la de las Tres Caídas, que les han cedido telas, hilos, tijeras y materiales que utilizaban las religiosas para coser en esta época las túnicas de sus nazarenos para que puedan hacer con ellas estas mascarillas. «Se ha suspendido la Semana Santa pero no la ayuda y la bondad de muchas personas».

Y la oración, «mucha más»
Y es que la vida ha cambiado también en estos conventos porque a pesar de que ellas por fe, vocación y decisión personal decidieron un día vivir para siempre ‘confinadas’, entienden que la medida haya causado cierta alarma y desajuste en la vida cotidiana de todos. «Bueno… a nosotras también nos está afectando en los pedidos y cosas así pero hay mucha gente solidaria. Están continuamente llamándonos por si necesitamos algo», cuenta la madre priora. También por la labor que están desarrollando estos días. «Aquí no hay religión que mande. Ayer justo lo hablábamos. Todo el mundo quiere colaborar y nos presta su ayuda».

En cuanto a cómo están pasando su particular cuarentena. La respuesta es clara: «Además de coser, ahora oramos más que nunca, al parar otras actividades como la repostería, estamos teniendo más tiempo para el recogimiento… en definitiva, viviendo lo que es nuestra vida».

Fuente: La Voz de Cádiz