(Argentina) Los obispos argentinos luchan contra la corrupción y la legalización del aborto

La semana pasada, la ciudad de Buenos Aires, capital de Argentina, dio un paso más para legalizar el aborto. Los obispos católicos respondieron con una declaración sobre la dignidad de la vida, que, según ellos, no está en contra de los derechos de la mujer sino a favor de la vida.

Mientras tanto, los obispos del país natal del Papa Francisco también están liderando una campaña contra la corrupción, que un prelado ha descrito como un virus tan letal como la pandemia de coronavirus.

El debate sobre el aborto

El jueves, la Legislatura de Buenos Aires aprobó la adopción de un protocolo nacional para la “interrupción voluntaria del embarazo”. Anunciado en diciembre por el gobierno de Alberto Fernández, el protocolo tiene que ser adoptado por cada provincia y región autónoma.

El protocolo establece los pasos para interrumpir un embarazo en los casos en que no esté tipificado como delito en el código penal argentino, que incluye los embarazos que son resultado de una violación o cuando la vida del bebé amenaza la de la madre.

Este último punto ha sido motivo de mucha discusión, ya que el concepto de riesgo para la vida de la madre se aplica, según los críticos, de manera poco estricta y se utiliza para justificar el 88 por ciento de los abortos en el país. Para algunos, incluye la salud “física, psicológica y social” de la madre, y va desde condiciones médicas que realmente ponen en peligro la vida hasta una relación consensuada entre dos adultos que llega a su fin.

En el caso de la violación, no es necesario presentar una denuncia formal para que se permita el aborto.

El Protocolo Nacional de Atención Integral a las Personas con Derecho a la Interrupción Legal del Embarazo, establece que una niña de 13 años puede abortar sin el consentimiento de sus padres o del padre del bebé, siempre y cuando su vida no se vea amenazada por el procedimiento.

Los obispos de la Arquidiócesis de Buenos Aires, incluyendo al Cardenal Mario Poli, escogido por Francisco como su sucesor al frente de la arquidiócesis más grande del país, y el Obispo Gustavo Carrara, que vive en las villas de la ciudad, entre los más pobres de los pobres de Argentina, emitieron una declaración titulada “La vida siempre es digna”.

En su declaración, los obispos señalan que el protocolo “contradice las garantías constitucionales a favor de la vida más desprotegida”.

“No estamos en contra de los derechos de la mujer; sí, a favor de la vida tal y como llega, en todas las circunstancias”, escriben.

“Mientras el pueblo de Buenos Aires se enfrenta al momento más oscuro de la pandemia, en medio de una cuarentena necesaria pero a la vez larga y agotadora, cuando el número de infecciones y muertes nos sobresalta cada día, la Legislatura de la Ciudad Autónoma ha aprobado por mayoría adherirse a la Interrupción Legal del Embarazo, es decir, al aborto no punible, que ya se practica en gran parte del país”, escriben.

“Nos duele y nos duele que, en medio de un contagio letal, donde tantos agentes sanitarios y servidores esenciales se exponen y arriesgan sus vidas para salvar la de sus hermanos, los legisladores consideren oportuno seguir adelante con una ley que, ciertamente, no busca ‘honrar la vida'”, argumentan.

Buenos Aires terminó el lunes con 120 días de estricta cuarentena para entrar en una “fase dos”, con sólo un puñado de actividades permitidas. En las últimas semanas, y a pesar de haber tenido una de las cuarentenas más largas del mundo para prevenir la propagación del coronavirus, el país está viendo un pico de casos, con unos 4.000 nuevos positivos reportados diariamente.

El virus de la corrupción

Celebrando su misa dominical, el arzobispo Carlos José Ñáñez, de Córdoba, a unos 430 kilómetros al noroeste de Buenos Aires, denunció que en Argentina, desde hace varios años, “hemos sufrido otro virus tan grave, si no más, que el coronavirus: el virus de la corrupción”.

“La corrupción llama bien a lo que está mal y mal a lo que está bien, animando a los que se rinden a este vicio a actuar en consecuencia”, dijo. “El profeta Isaías ya denunció este mismo mal en el antiguo Israel. Por lo tanto, ¡no somos originales!”

“A veces parece que no hay disposición para luchar contra este virus de la corrupción. Es como si la ceguera o la sordera nos afectaran a todos”, dijo Ñáñez.

El prelado dijo que para combatir esta corrupción endémica, “debe haber una reacción personal decidida y constante: no transigir con la mentira, no pactar con el mal, no aceptar los ‘escándalos’ de los que habla Jesús”. No aprobar lo que está mal, es ilegal, no celebrar de ninguna manera al que actúa de esta manera.”

Hizo su punto citando al Papa San Juan Pablo II, quien durante una visita a Córdoba en 1987 dijo: “Se trata de ‘ahogar el mal en la abundancia del bien’.”

Ñáñez instó a “una decidida voluntad personal y social de oponerse a la corrupción”, sin pretender aprovecharse de ella. Por el contrario, “se debe forjar un clima común entre todos que nos anime a vivir en la verdad y a practicar el bien, tanto en las cosas pequeñas como en las grandes e importantes”.

En su homilía, el arzobispo también habló de “la responsabilidad social en el momento de discernir y emitir el voto en las elecciones”, y definió este acto como “totalmente libre y responsable”.

Fuente: Crux