(Argentina) Obispos argentinos piden inclusión y fraternidad con los migrantes y refugiados

En septiembre, la Iglesia Católica de Argentina celebra el “Mes del Migrante y el Refugiado”, coincidiendo con el Día Mundial del Migrante y el Refugiado, que este año se celebra el 27 de septiembre, el último domingo del mes.

“Un acontecimiento -explica monseñor Hugo Manuel Salaberry, presidente de la Comisión Episcopal para los Migrantes e Itinerantes (CEMI)- que nos invita, como comunidades eclesiales, a formar una verdadera familia con aquellos que, en el mundo de hoy, caminan entre la desesperación de un futuro imposible de construir y el deseo de una vida mejor”.

Como Jesucristo, obligados a huir

En este mes, por lo tanto, CEMI pone a disposición de los fieles varios materiales de estudio y reflexión, incluyendo el Mensaje del Papa Francisco sobre el tema “Como Jesucristo, obligados a huir. Acoger, proteger, promover e integrar a los desplazados internos”, y un subsidio litúrgico especial que pone de relieve el “sorprendente y dramático período de la pandemia” que se vive hoy en día y alienta a los fieles a dirigir sus ojos al “Dios de la vida, siempre escuchando y confiando en su Palabra”.

Fraternidad e inclusión para los migrantes

“Los migrantes y los refugiados son los más vulnerables y los que más sufren, en este momento – continúa afirmando el comunicado de la Comisión – Rezamos especialmente por ellos, por los enfermos y sus familias, por los médicos y los trabajadores de la salud, por los gobernantes, por los que viven con el temor de un futuro incierto debido a las consecuencias del Covid-19 en la economía y el trabajo, y por todos los muertos causados por el coronavirus”.

Asimismo, la Comisión sugiere rezar “por todas las veces que hemos sido indiferentes a nuestros hermanos y hermanas migrantes que necesitaban nuestra atención” y por todos aquellos que se convirtieron en “víctimas de la mendicidad forzosa, la violencia, la persecución, la trata, la explotación laboral, el abuso sexual y el tráfico de órganos”.

Dignidad de un trabajo y serenidad de un hogar

Finalmente, la invitación final de CEMI es “proveer a los migrantes de lo necesario”, para que puedan tener “la dignidad de un trabajo y la serenidad de un hogar”.

“Jesús, de hecho, nos enseña a conocer y comprender a nuestros hermanos y hermanas migrantes, a reconciliarnos con saber escucharlos, acercándonos a ellos para servirles, creciendo en el compartir, involucrándolos para ayudar a promoverlos y colaborando con ellos para construir la sociedad”.

Fuente: Vatican News