Día Internacional de la Paz

Con relación al Día Internacional de la Paz que se celebra el 21 de septiembre, el Lic. Baltazar Reséndiz Espínola, Licenciado en Filosofía con Maestría en Bioética, nos comparte una reflexión acerca de la relación que guarda la Libertad Religiosa con el valor de la Paz.

PAZ Y LIBERTAD RELIGIOSA

En 1981 la Asamblea General de las Naciones Unidas declara el día internacional de la paz  el 21 de septiembre y en el 2001, se designa a este día como el día de la no violencia y el alto al fuego.

La paz, no solo es un valor de alto grado ético, es posiblemente el anhelo más universal y vigente de todos los tiempos, un poco porque parece ser la suma de todos los bienes sociales, éticos, morales y espirituales. Y muy posible sea, que a la base, la libertad religiosa tiene algo un papel fundamental al respecto.

1.- La palabra religión en su etimología, evoca algo que tiene que ver con la paz, viene del latín religio, formada con el prefijo re- (indica intensidad), el verbo ligare (ligar o amarrar) y el sufijo -ión (acción y efecto). Es darle su estado original, volver a unir, esto es la base de la paz; cuando la persona experimenta fragmentación en cualquier dimensión de su ser vital se hace violento, está perdiendo algo vital y lo vital es que luche por lo que ha perdido o puede llegar a perder. Este es un punto muy poderoso donde ambos temas convergen sin más.

2.- En cifras, se calcula que hay 55 países en donde la realidad de los fieles es crítica. En otras 26 naciones esta situación empeora, al punto que personas de un culto específico arriesgan su vida si hacen manifestaciones públicas de su religión, es decir, un factor de falta de paz a nivel mundial tiene que ver con asuntos religiosos, guerras muy conocidas, conflictos sanguinarios está a la base la falta de tacto ante la expresión religiosa. Tan solo en nuestro país, los grandes conflictos sociales están envueltos en una sinergia religiosa. Se necesita que los creyentes desarrollen una cualidad exquisita de tolerancia, de diálogo y de encuentro.

3.- Uno de los aspectos que hace un poco espinoso el asunto de la paz y la libertad religiosa es que casi todas la religiones no solo se quedan en el ámbito privado e intimista, hay un momento en el que cada religión tiene la convicción profunda que posee la verdad y que tiene la misión de darla a conocer a este mundo perdido y sórdido, y entonces viene una etapa muy compleja de las religiones, todas saltan al ámbito público en dos formas: un proselitismo casi siempre agresivo y en la búsqueda a costa de o que sea de injerir en la vida pública, para modificar la ética, moral y costumbres imperantes y así instaurar algo que a su criterio sea correcto.  La libertad de conciencia y religión, en particular, está garantizada en nuestro país en los artículos 24 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y 12 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. En la opinión experta del Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas están protegidas las creencias teístas, no teístas y ateas, así como el derecho a no profesar ninguna religión o creencia. Asimismo, el Comité ha indicado que ese derecho humano no se limita a religiones tradicionales o a las religiones y creencias con características o prácticas institucionales análogas a las de las religiones tradicionales, sino que están protegidas todas las creencias religiosas, sin embargo a pesar de las legislaciones en diversos países muchos religiones gozan de privilegios, en otras sufren de persecución. De modo que no basta reconocer y facilitar la libertad religiosa, sino dotar campos de interdisciplinariedad y cooperación en vistas a sus más altos valores.

4.- A manera de cierre. Por último respecto de la relación paz y libertad religiosa entran en un discurso de lo natural y lo positivo, decimos que el precedente de lo natural (la capacidad natural de la persona humana a creer) no elimina, ni minimiza lo positivo (la libertad religiosa), no es tampoco superado por el derecho positivo, sino que ambos se requieren en un sano ejercicio de Estado, dado que, de no hacerlo se estaría al borde de la tiranía y de solventar como ley todo lo que se pueda imponer por coacción institucional sin verificar si eso tiene sustento ontológico, óntico, y con ello una legítima naturaleza axiológica y lleve a una sociedad a la pretensión ética y moral de ello y la protección jurídica en su última consecuencia, de modo que todo ejercicio de esta índole, debe ser sustentado de manera objetiva en la dignidad humana para que la praxis facilite la fundamentación, defensa, reflexión y declaración de los derechos humanos fundamentales como el derecho a la paz y a la libertad de conciencia y de lo que ello se deriva con carácter vinculante a nivel jurídico.

5.- Los fanatismos religiosos del lado de donde vengan, nunca abonaran a una mejor comprensión de la religión, ni facilitaran los caminos de paz y de encuentro que este mundo global requiere, y que este cambio de época exige, estamos frente a un gran y transversal desafío en estos temas a nivel global.

*Baltazar Reséndiz Espínola es Licenciado en Filosofía por la Universidad Abierta de San Luis Potosí; con Maestría en Bioética por el Centro de Investigación Social Avanzada, Querétaro.