(España) Los cardenales españoles ofrecen sus sombreros rojos a las mujeres, llamando al zucchetto una “ilusión”

Tres cardenales españoles ofrecieron el miércoles sus “sombreros rojos y anillos cardenales” a cualquier mujer que quiera ser miembro del club más exclusivo de la Iglesia Católica. Sin embargo, hay una trampa: argumentan que hay una necesidad de redescubrir el sacerdocio como Jesús lo percibió, diciendo “se trata de servicio, no de poder”.

“Las mujeres, como los hombres, tienen que redescubrir el bautismo y la dignidad de ser hijos de Dios que nos da el bautismo”, dijo el cardenal Cristóbal López, arzobispo de Rabat. “Nuestra alegría no está en ser obispos o cardenales, ordenados o no. Nuestra alegría debe venir de ser hijos de Dios.”

“Pongo mi zucchetto cardenalicio, mi anillo cardenalicio y mi sotana roja a la mujer que quiera usarlos porque esto le da una ilusión”, continuó. “Pero sepan esto: No añadirá nada a lo que son. Si quieren realizarse, basta con que sean mujeres y que sean cristianas”.

El prelado habló en un panel organizado por la revista española Vida Nueva, en el que también participaron el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, y el cardenal Pedro Barreto, de Huancayo, Perú. A pesar de su ubicación actual, los tres nacieron en España, y los tres fueron hechos cardenales por el Papa Francisco.

Los comentarios llegaron cuando López respondió a una pregunta que se le hizo sobre el papel de la mujer en la Iglesia. Mientras hablaba, los otros dos sonrieron y asintieron con la cabeza.

“No basen su sentimiento de realización en la creencia de que no están completos si no tienen el orden sacerdotal”, dijo el cardenal, doblando la palabra. “Tenemos que redescubrir la dignidad de las hijas e hijos de Dios.”

Haciéndose eco del Papa Francisco, López abogó por un cambio en la eclesiología de la Iglesia, para recordar a los católicos que “somos el pueblo de Dios y que al ser el pueblo de Dios todos tenemos la misma dignidad”.

“Las mujeres también lo tienen, y ser cardenal no me convierte ni más ni menos que en una mujer”, dijo. “Hay que superar el clericalismo, que también está presente entre las mujeres, y que consiste en creer que ser sacerdote, obispo o cardenal es como un escalón.”

Barreto también ofreció su sombrero rojo y el anillo del cardenal, pero dijo que al final lo que importa es reconocer el papel central que las mujeres tienen en la Iglesia Católica, tanto en América Latina, el terreno que mejor conoce, como más allá.

“Si se alejaran del trabajo pastoral y del servicio que prestan por el amor que tienen a Jesús y a la Iglesia, la Iglesia Católica no tendría ninguna fuerza”, dijo.

Las mujeres de su diócesis, dijo, “hacen absolutamente todo”, y son las que dan a la Iglesia fuerza y alegría. En la región del Amazonas, que él conoce bien, las mujeres tienen un “papel muy importante”.

“Las mujeres en general tienen mucho que ofrecer y lo están haciendo”, dijo. “No creo que las mujeres de la región amazónica tengan la ilusión de convertirse en sacerdotes. No, están luchando por la dignidad y la igualdad de todos, para que los derechos humanos de los hombres y mujeres de la región sean respetados.”

“Cualquier ‘responsabilidad’ que podamos tener en la Iglesia es un servicio, y un servicio desinteresado, uno que no busque atención, ya que tantas mujeres sirven en la Iglesia y en el mundo de hoy”, dijo Barreto.

Omella estuvo de acuerdo con los otros dos prelados, diciendo que hoy “tenemos un concepto equivocado de que los ministerios sacerdotales, episcopales o cardenales tienen que ver con el poder”, dijo. “No son poder, son servicio”.

“Jesucristo es muy claro sobre esto en el Evangelio”, dijo. “Lo que pasa es que lo hemos interpretado y vivido mal a lo largo de la historia, por desgracia.”

Omella también mencionó que en muchas oficinas del Vaticano, es una mujer, trabajando como secretaria o subsecretaria, quien realmente dirige la oficina y hace todo el trabajo. Así que cuando un cardenal visita la sede mundial de la Iglesia Católica, dijo, deben estar abiertos a “someterse” a una mujer, a pesar del nombre que pueda estar en la oficina del jefe de un dicasterio o congregación.

“Las palabras son bonitas, y todos estamos de acuerdo, pero tenemos que dar un paso para que se hagan realidad en nuestras diócesis y nuestras parroquias: queremos comprometernos no sólo a dar el calabacín, sino a dar responsabilidades a las mujeres”, añadió.

Durante la conversación de 75 minutos titulada “Consejo de Cardenales”: Un plan de resurrección” -tomado de una reflexión que el Papa Francisco dio a la revista- los tres cardenales hablaron de muchos temas, incluyendo la desigualdad mundial, la pobreza y la “avalancha de solidaridad” producida por la pandemia del coronavirus COVID-19.

“La desigualdad entre los continentes nunca se resolverá con una ayuda de 600 millones de euros para el desarrollo de África – es ridículo”, dijo el prelado con sede en Marruecos.

“Mientras tanto, las multinacionales europeas se llevan cada año 20.000 millones de euros de África”, dijo López.

También fue tras las Naciones Unidas, diciendo que ni siquiera tienen la “autoridad” para decirle al “presidente de los Estados Unidos, Donald Trump: ‘esto no es así, esto será bueno para ustedes pero no para el mundo'”.

Barreto argumentó que mientras el mundo está sufriendo la propagación del coronavirus, también hay una “propagación de la esperanza y la solidaridad”, algo que ve de primera mano en Huancayo y en todo el Perú, donde “estamos valorando la vida y el medio ambiente” y donde “estamos en un camino de resurrección y vida”.

Omella señaló que a través de la pandemia ha visto un “crecimiento en el deseo que muchos tienen de rezar, de recibir la comunión, de ser escuchados por un sacerdote”.

“Hay un hambre de Dios y de encontrar a los demás”, dijo. “Este pan espiritual ha sido ofrecido por la gran respuesta dada por los sacerdotes y catequistas.”

Fuente: Crux