(Nigeria) Sacerdote nigeriano que había sido secuestrado, fue liberado y se encuentra con “buena salud”

Después de ser secuestrado a punta de pistola y de pasar tres horribles días en cautiverio durante el fin de semana, el Padre nigeriano Innocent Mba, el último clérigo secuestrado en África en los últimos meses, fue liberado el martes.

Hablando por teléfono con Crux en Nigeria, un representante de la diócesis de Nsukka, donde Mba es pastor de la Iglesia Católica de la Santa Cruz en Eha-Amufu, en el Estado de Enugu, confirmó que el sacerdote ha sido liberado y goza de “buena salud”, aparte del “trauma psicológico” de su cautiverio.

En este momento, Mba está descansando y se siente “reconfortado” de estar de vuelta en casa, dijo el representante.

Según PUNCH, un periódico nigeriano, Mba fue secuestrado a punta de pistola el viernes pasado mientras estaba fuera en una misión pastoral. Fue liberado el martes por la mañana temprano, aunque los detalles de por qué fue secuestrado y lo que pasó durante su breve cautiverio son todavía escasos.

En comentarios a PUNCH, el padre nigeriano Matthew Eze, director de comunicaciones de la diócesis de Nsukka, agradeció a Dios “por sus misericordias”, pero dijo que no sabía si se había pagado un rescate para asegurar la liberación de Mba.

Para sus feligreses, Mba es conocido como un pastor con conciencia medioambiental que limpió los terrenos de su parroquia después de escuchar un programa en una emisora de radio local llamado “Hora del clima”, que crea conciencia sobre el cambio climático y sus impactos sociales.

Sufriendo de dolencias ambientales como sequías y deforestación, Nigeria se ubicó en el 11º lugar del mundo en cuanto a contaminación por plásticos, según el informe de Ocean Atlas en 2017.

Para ayudar a frenar el impacto del cambio climático en su zona y detener la contaminación en la propiedad de la parroquia, Mba transformó unos 24 acres de tierra detrás del salón de su parroquia en una granja de arroz, cuyo valor podría alcanzar los 10.000 dólares.

En marzo, envió 40 bolsas de arroz de 55 libras cada una al seminario menor de San Pedro en la diócesis de Okigwe.

El secuestro de Mba fue el último de una serie de secuestros y asesinatos que han plagado la Iglesia Católica en Nigeria durante años. Al menos 19 sacerdotes han sido secuestrados en el Estado de Enugu, Nigeria, desde 2019, dos de los cuales fueron asesinados. Muchos más sacerdotes y seminaristas han sido secuestrados o asesinados en el resto de África, y la culpa recae en gran medida en los pastores musulmanes fulani.

Los cristianos constituyen aproximadamente la mitad de la población de Nigeria, pero en los últimos años han sido objeto de una dura persecución en múltiples frentes, principalmente por parte del grupo terrorista islámico Boko Haram y los pastores musulmanes fulani, que han atacado aldeas cristianas en busca de territorio de pastoreo para su ganado.

La mayoría de estos ataques se producen a lo largo del “Cinturón Medio” de Nigeria, donde el norte predominantemente musulmán se encuentra con el sur predominantemente cristiano.

Los conflictos tribales locales han agravado el problema, haciéndolo peligroso no sólo para los cristianos, sino para todos. Muchos creen que es la defensa desde el púlpito lo que ha convertido a algunos clérigos en blanco de secuestros y asesinatos.

Tras el asesinato de un sacerdote en agosto de 2019, el presidente nigeriano Muhammadu Buhari emitió una declaración en la que decía que “el asesinato del sacerdote católico pone de relieve la urgencia de abordar este vergonzoso y persistente conflicto”.

“He observado con temor e incredulidad cómo el odio y el fanatismo han habitado el alma humana, resultando en hermanos que matan a otros hermanos”, dijo, y añadió, “El progreso es imposible cuando se permite que la violencia y la destrucción dominen nuestra vida diaria”.

Sin embargo, a pesar de la declaración de Buhari, algunos líderes cristianos han argumentado que el fracaso del gobierno nigeriano para detener la violencia se debe en parte a la corrupción, y en parte porque la violencia está vinculada a una “agenda oculta” nacida de los ataques de Boko Haram a principios de la década de 2000 para hacer del país una nación islámica.

En septiembre de 2019, una relatora especial de las Naciones Unidas sobre las ejecuciones extrajudiciales pidió que se adoptaran medidas urgentes para poner fin a lo que denominó la “olla a presión” de la violencia en Nigeria junto con un “sistema generalizado de impunidad” para esas ejecuciones.

El cardenal nigeriano John Onaiyekan, arzobispo emérito de Abuja, concedió una entrevista en septiembre de 2019 en la que dijo que la inseguridad en Nigeria “se está yendo de las manos”.

Esta primavera, el padre Zacharia Nyantiso Samjum, secretario general del Secretariado Católico de Nigeria emitió una declaración pidiendo a los católicos de todo el mundo que rezaran por la paz en Nigeria y la seguridad de los cristianos del país.

“Frente a la actual situación de seguridad, la Iglesia necesita hablar de palabra y actuar contra el nivel de inseguridad en el país”, dijo.

Si el secuestro de Mba ofrece algún tipo de lección, es que incluso con la distracción de una pandemia mundial, los problemas políticos, sociales y étnicos profundamente arraigados que causaban problemas antes del brote del coronavirus COVID-19 no han desaparecido, y todavía requieren soluciones urgentes cuando la pandemia termine.

Fuente: Crux