(Puerto Rico) El arzobispo de Puerto Rico llama a la corrupción “un flagelo social, político y económico”

El principal prelado de Puerto Rico lanzó un desafío para que el territorio de la isla limpie su sistema político, advirtiendo que en este momento, la corrupción “acecha y ahoga” a su sociedad.

En una carta pastoral publicada el lunes, el arzobispo Roberto Octavio González Nieves de San Juan reflexiona sobre la pandemia de COVID-19 y las próximas elecciones de la isla, invitando a su pueblo a sanar la política, el tejido social del país, promover la cultura del encuentro y luchar contra la caída de una economía que, como dice el Papa Francisco, “mata”.

“Quiero animaros a comprometeros con nuestro presente y nuestro futuro; desde la persona más humilde y joven, hasta el anciano y la anciana con su experiencia”, escribió el arzobispo.

Dijo que la pandemia del coronavirus y otras crisis como “huracanes, terremotos, tormentas, desigualdad económica, violencia doméstica y de género, nuestro destino nacional y, sobre todo, el virus de la corrupción que nos acecha y ahoga, son problemas y responsabilidades de todos”.

Puerto Rico, un territorio caribeño autónomo de los Estados Unidos, celebrará elecciones para gobernador el 3 de noviembre.

“Frente a estos desafíos y a la crisis de credibilidad política de las últimas décadas, es urgente y necesario aquí y ahora, rehabilitar la vida política de Puerto Rico”, dijo González Nieves.

La carta, titulada “Puerto Rico: Pandemia y Elecciones Generales, un llamado a la reflexión y al diálogo”, fue emitida el lunes, fiesta de San Agustín.

En la misiva, de 28 páginas, González Nieves invita a la población del territorio insular a reflexionar sobre las consecuencias de la pandemia; sobre todo, a las poblaciones más vulnerables: Los pobres, los ancianos y los miles de puertorriqueños desempleados.

Durante la pandemia de COVID-19, el prelado invitó a los habitantes de la isla a promover una cultura de solidaridad, ya que todos son “responsables de superar la tentación del oportunismo, el egoísmo y el aislacionismo”. Por ello, es urgente tomar conciencia personal y colectiva como pueblo y nación, y más aún, como cristianos: ¿Qué tipo de civilización estamos construyendo para Puerto Rico?”

“Y en medio y después de las crisis ambientales, sociales, políticas y de fe, ¿qué hacemos o vamos a hacer con nuestra historia?” insiste. “¿Adónde vamos? ¿Adónde queremos ir? ¿Qué tipo de decisiones políticas, económicas, científicas, sociales y religiosas debemos tomar como pueblo? ¿Qué tipos de liderazgo y decisiones faltan? ¿Realmente nos importa nuestro futuro y el de nuestros hijos e hijas? ¿Quién rodará la piedra de la tumba para que salgamos y nos permita ver el horizonte?”

“¿Tenemos un plan para resucitar o vamos a dejar morir nuestra esperanza y amor?” el arzobispo escribió citando una reflexión que el Papa Francisco escribió para la revista española Vida Nueva titulada “Un plan para resucitar”.

Según González Nieves, la pandemia provocada por el nuevo coronavirus -que ha causado la muerte de más de 800.000 personas en todo el mundo- ha puesto de manifiesto la difícil situación de los pobres y la gran desigualdad que reina en el mundo. Aunque el virus no discrimina, argumentó, se ha encontrado con grandes desigualdades y discriminaciones, aumentándolas y haciéndolas aún más visibles.

Aunque todavía se desconoce mucho sobre COVID-19, las estadísticas hasta ahora muestran que la tasa de mortalidad es más alta no sólo entre las personas mayores o las que tienen afecciones preexistentes, sino también entre los pobres: Ya sea porque no tienen un acceso adecuado a la atención de la salud o porque tienen condiciones preexistentes directamente relacionadas con su pobreza, desde la malnutrición hasta las enfermedades pulmonares crónicas.

Puerto Rico ha tenido 33.200 casos y al menos 434 muertes.

En la reflexión de González Nieves también se habló de otros “virus” que afligen a la sociedad y al mundo en las últimas décadas, como la “pandemia de la corrupción, cuyas víctimas son los más pobres”. Esto es doloroso porque socava la credibilidad y la vitalidad de la democracia, la moral y la esperanza de todos, afectando especialmente a los más humildes y pobres de nuestra sociedad”.

“La corrupción es un azote social, político y económico que se pudre y se come todo”, escribió el arzobispo.

Antes de las próximas elecciones de noviembre, el prelado hizo un llamado para rehabilitar la “política partidaria” en el territorio, un esfuerzo que, según él, requiere de hombres y mujeres “que amen a Dios y al prójimo como a sí mismos”.

Puerto Rico necesita “rehabilitar” la forma de ejercer su orden político, ya que las pasiones ideológicas y partidistas de hoy no permiten al pueblo ver más allá de lo que es bueno para ellos mismos, de ahí la necesidad de “curar otro gran virus”: el de la injusticia social, la marginación y la falta de oportunidades para los más débiles”.

El voto, dijo, es un “derecho y una obligación”, y también un camino pedagógico que debe educar hacia la libertad, ya que sólo los que son libres se convierten en protagonistas de su propia historia, capaces de resolver los problemas que han empañado su pasado, marcan su presente y podrían marcar su futuro.

“Podemos ser protagonistas de nuestro destino, de cuidar la dignidad humana de cada ser humano: Tanto el que vive en el vientre de una madre y aún no ha visto la luz del día, como el que vive en un asilo”, escribió, antes de dar una larga lista de situaciones en las que el pueblo de Puerto Rico puede “mejorar”, entre ellas el cuidado del medio ambiente, la creación de oportunidades para los jóvenes y la protección de los más vulnerables.

Después de enumerar los muchos desafíos que enfrenta el territorio, González Nieves pregunta: “Puerto Rico, ¿tienes un futuro?”.

“Sí, porque Dios en su amor providencial, nunca abandona a su pueblo”, respondió. “La brújula del alma de un pueblo cristiano siempre se dirige hacia Dios.”

“No podemos continuar como estamos, porque el mundo después de lo que estamos pasando tampoco será el mismo”, escribió. “Querer volver a la ‘normalidad’ tiene que ser querer volver a la normalidad del bien, no a las injusticias, la destrucción del medio ambiente, la violencia, el engaño, [y] el materialismo desenfrenado”.

Fuente: Crux