Creo que la vida de México en este tema ha ido de menos a mas, hemos mejorado bastante sin embargo la ley que nos rige es una ley que esta rebasada, que merece ser reformada y si me permiten, deberíamos hacer una nueva ley; no una reforma de unos artículos, ya hay necesidad de estudiar la posibilidad de tener una nueva ley.

Hace unos días se cumplieron 27 años de la reforma constitucional que dio origen a ésta ley, para quienes no son mexicanos entiendan que las iglesias no estaban reconocidas por el gobierno, por el estado, y esa reforma de 1992 constitucional y luego en julio la ley da pie a que ahora se reconozcan a las iglesias obteniendo un registro para convertirlas en asociaciones religiosas.

Es cierto que primero es libertad de culto y de ahí hemos avanzado poco a poco pero no hemos llegado a esa libertad religiosa plena en la que alguna manera temas como la participación de los ministros de culto en política, no hemos avanzado mucho en eso, y por ahí se dice que se les tiene como “ciudadanos de segunda”; tampoco hemos avanzado en que las iglesias o asociaciones religiosas tengan concesiones para los medios de comunicación; ahí tenemos dificultad por la historia de nuestro país, hay elementos en los que se está trabajando.

Lo que yo he visto en éste sentido es que lo más difícil para poder tener este concepto de libertad de religión, libertad de creencias no es, y perdón que lo diga, no es en un foro como estos; que la verdad lo celebro y coincido que este evento es histórico y hay que ponerlo como historia de nuestro país; lo difícil es bajar estas ideas a los campos en donde verdaderamente hay desplazados, donde hay cortes de servicio de agua por creer diferente, donde de verdad hay impedimento a los difuntos de ser enterrados en un panteón por ser de otra religión; y esto no es un caso de 1960, sino del 2017 y 2018.

Son temas muy complejos que tenemos que aterrizar y encontrar la manera con los actores en los estados de nuestra república para que verdaderamente los mensajes que se están escuchando y lo que estamos haciendo el día de hoy se transmitan a ese nivel.

Tenemos un problema en México que es el común denominador de los conflictos de intolerancia religiosa: los usos y costumbres de los pueblos indigenas. Es delicado porque la propia Constitución de nuestra República marca el reconocimiento a esta forma de gobierno y organización de los pueblos indigenas pero siempre dentro del marco de los derechos humanos. Esa última parte suele ser ignorada y se limita a decir que debido a los usos y costumbres del pueblo, aquí no entra otra religión más que “ésta”. Son reglas que en asambleas se votan y los que están en contra “van para afuera”. Tenemos muchos desplazados por motivos religiosos, es una realidad. Todavía escucho y leo notas en donde se dice que no es cierto, la realidad es que sí es. No es que queramos tapar el sol con un dedo, en realidad tenemos problemas en Chiapas, Oaxaca, Hidalgo principalmente; en otros estados se ha dado pero no de manera tan usual como en éstos.

La pregunta resulta ¿cómo vamos a trabajar las políticas publicas para aterrizar la libertad religiosa a la realidad? Aclarando que no es un asunto religioso, es un asunto de libertades, de derechos; ese es el elemento principal.

Lo que en éste gobierno se nos ha instruido es trabajar el tema, primero, reconociendo que existe; en segundo lugar abordándolo no solo desde la perspectiva legal porque hay violaciones a la constitución y la ley; sino que entender la cultura del pueblo que está teniendo esa dificultad porque no es lo mismo Oaxaca que Chiapas. Son circunstancias que se están dando y hay que analizarse caso por caso.

Oaxaca, por ejemplo, tiene 570 municipios, si ustedes comparan cuántos municipios o alcaldías tienen los demás estados, jamás van a llegar a ese numero. De esos 570 municipios, 417 se rigen por usos y costumbres; por eso ahí hay una complejidad de entrada, ahora, cuando un ciudadano decide por su convicción y conciencia no ser más de esta religión mayoritaria en la comunidad, esto promueve un problema y llegan los cuestionamientos sobre convicciones y tradiciones y se critica que éste piense diferente. Tenemos que trabajar desde el entendido de que “el otro” no es un límite, es una oportunidad de dialogar, de entendernos.

Las políticas publicas han estado solamente como atención y conocimiento de lo que sucede y se le ha llevado al estado correspondiente que las atienda. Entonces las experiencias externas que viví eran sobre denuncias de violación de la libertad religiosa en diversos estados. Estos estados tomaban el caso y a los dos meses decían “no es un problema religioso, es un problema social, un problema político e incluso un problema familiar” y se cierra el expediente y no se vuelve a investigar. La gente reclama que son expulsados, víctimas de intolerancia, se les niegan servicios de salud, se limitan los programas sociales.

Lo que queremos hacer ahora es trabajar con los estados, pero con actores diversos que puedan ayudar a entender lo que está sucediendo, actores como académicos, antropólogos, ONG´s, Consejos Interreligiosos de los estados, para tratar de destrabar esta situación; pero cada caso es particular, necesitamos entender esta situación, entender que lo que le sucedió a “ésta iglesia en tal lugar” no es lo mismo que lo que le pasó a “éste creyente en otro lugar”.

Sí existen violaciones a los derechos, pero la pregunta verdadera es ¿Cómo vamos a entendernos con todos estos actores para poder verdaderamente tener esa oportunidad de diálogo, de respeto, de entendimiento? Ese es el reto.

Escuchamos previamente lo sucedido en otros países, espero que en México no se llegue a eso, guerras por creencias religiosas, por eso este momento histórico debe ser el punto de partida para tratar de llevar con los estados y los municipios, el trabajo de lo que es la libertad religiosa.

Por último quiero decir que hay un plan de trabajo que estamos generando en la dirección de asuntos religiosos de trabajar constantemente, quizá un par de veces al año, con los encargados de asuntos religiosos de los estados, trayéndolos a la federación, a la Secretaría de Gobernación donde se pueda capacitar de manera legal y para tratar de entendernos en este tema, es un tema profundo.

Hay quienes dicen “por qué no mejor nos referimos a Libertad de Religión” o “Libertad de creencia” porque Libertad Religiosa entramos en tema del estado laico, etc; pero no es el caso, lo que quiero llegar a decir es que, trabajando con los estados podemos hacer mucho al respecto.

Me encanta la idea de tener a Colombia, Peru y demás actores para oír experiencias; ahora tuve la oportunidad de conocer a Lorena por correo electrónico por un amigo en común. Y vamos a trabajar juntos para entendernos.

Los invito a la reflexión, este tema es apasionante pero hay que saber aterrizarlo.


Lic. Jorge Lee Galindo
Director Adjunto de la Dirección General de Asuntos Religiosos de la Subsecretaría de Gobernación de México