(Sri Lanka) Otro escenario de ensañamiento con los cristianos

El panorama para los católicos es muy adverso en muchas partes del mundo, como quedó demostrado en los recientes atentados en el país asiático.

Acaso no existe una extendida conciencia de que los cristianos constituyen desde hace tiempo la comunidad religiosa más perseguida del mundo. Sí, la religión con más fieles en el planeta: unos 2.000 millones entre católicos, ortodoxos y evangélicos es la que está en peor situación. Precisamente esa insuficiente conciencia del drama de los cristianos no abre paso a acciones para frenarlo. A no ser que los atentados se produzcan en las grandes capitales de Occidente, la sucesión de ataques parece llamar poco la atención.

Los atentados de este Domingo de Pascuas – nada menos – en tres iglesias de Sri Lanka – dos católicas y una evangélica – volvió a poner sobre el tapete aunque sea por un rato este fenómeno. En su habitual mensaje televisivo mensual, el Papa Francisco había pedido en marzo rezar durante ese mes por “los cristianos perseguidos y por aquellos lugares donde la libertad religiosa y los derechos humanos no están garantizados”. Y había advertido: “Quizás nos cueste creerlo, pero hoy hay más mártires que en los primeros siglos”.

La ONG Open Doors USA puso en números el drama acontecido en 2018. Su relevamiento indica que el año pasado uno de cada 10 cristianos sufrió algún grado de persecución en alrededor de un centenar de países: 4.136 fueron asesinados por su fe (once por día, entre ellos 10 misioneros); 2.625 fueron encarcelados, y 1.266 iglesias y sitios religiosos fueron atacados. El país con la peor situación para los cristianos es Corea del Norte, seguido por Afganistán, Somalia y Libia. Además de sitios con situaciones particularmente graves como en Nigeria.

En el caso de Corea del Norte y en menor medida de China la opresión llega de parte de esos estados, regímenes férreos que ven al cristianismo como una amenaza “imperialista” a su poder y a las tradiciones de sus naciones. Además guerras civiles como las que acontecen en Siria provocaron y provocan el desplazamiento de cientos de miles de cristianos. Como también el largo conflicto en Israel, donde la presencia cristiana se redujo a la mínima expresión pese a ser donde Jesús predicó, murió y resucitó según la creencia de sus fieles.

Pero en la mayoría de los casos la persecución proviene de fanáticos que se dicen musulmanes, ante todo ISIS -hoy en retirada- con su siniestra crueldad. Esta circunstancia, que lastima al verdadero y muy mayoritario Islam, llevó en los últimos meses a que el Papa Francisco realizara una serie de gestos con líderes de la religión del profeta Mahoma tendientes a ejercitar la convivencia y asumir un compromiso conjunto en favor de la libertad religiosa y el rechazo más categórico al uso de la religión para cometer actos violentos.

El acontecimiento más relevante fue la histórica declaración que Francisco suscribió en febrero con el Gran Imán de la mezquita Al Azhar (el líder mundial de los sunitas, la corriente islámica mayoritaria) Ahmed al Tayyeb durante su visita a Emiratos Árabes, la primera de un pontífice a la península arábiga. Allí pidieron que“se dejen de instrumentalizar las religiones para incitar al odio, la violencia, el extremismo y el fanatismo ciego y de usar el nombre de Dios para justificar actos de asesinato, exilio, terrorismo y opresión”.

A fines de marzo Francisco visitó Marruecos y, junto al rey Mohamed VI, hubo gestos y declaraciones en la misma dirección. Pero también los cristianos sufren persecuciones en la India de parte de fanáticos que se dicen hinduistas. En el pasado quedan las persecuciones en los países detrás de la “cortina de hierro”, pero en el presente hay restricciones, a veces severas, en Cuba, Nicaragua y Venezuela, además de las matanzas de grupos narcos en México con el fin de acallar a los católicos que denuncian su vil negocio.

En fin, el panorama para los cristianos es muy adverso en muchas partes del mundo. Pero la toma de conciencia de su gravedad seguramente será el primer paso para comenzar a erradicar esta situación. La difusión del fenómeno, el conocimiento de los verdaderos principios de las religiones y el diálogo interreligioso e intercultural, que vence prejuicios y acerca a las comunidades, son un gran antídoto contra el fanatismo. Hace rato que va siendo tiempo de poner manos a la obra.

Fuente: Todo Noticias