(México) La importancia del diálogo interreligioso en México

Derivado de lastres, tanto históricos como culturales, venimos arrastrando una mala concepción respecto de las religiones en nuestro país; tanto servidores públicos como la ciudadanía en general tenemos la errónea concepción de que las iglesias –nótese que hablo en plural– no deben de opinar respecto de las situaciones de interés público de una sociedad; sin embargo, lo único que esto ha generado es una serie de problemáticas y limitantes a las libertades tanto de religiosos, fieles laicos y no creyentes.

En México no acabamos de comprender que la libertad religiosa –en el sentido amplio del término– es un derecho humano; y me atrevería a decir que uno de los más significativos, ya que tiene que ver con un elemento central en la constitución de la persona humana. Aunado a ello, y de igual relevancia, la libertad religiosa es un pilar necesario para la construcción de una democracia participativa dentro de cualquier Estado de Derecho moderno.

Según la encuesta levantada en 2010 por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) más de 94 millones de personas, mayores de 5 años, declararon profesar alguna religión, mientras que 4 millones y medio –aproximadamente– señalaron no profesar ninguna religión.[1] En ese sentido resulta obvio afirmar que una gran parte de la población tiene una serie de intereses y preceptos morales que encuentran su sustento en alguna religión o en algún modo de conciencia.

Es así que, abrir espacios en donde, tanto las diversas asociaciones religiosas y los no creyentes, debatan y compartan sus diversos puntos de vista respecto a situaciones de interés público, sería una herramienta esencial para que las autoridades del Estado desarrollen políticas públicas y normas jurídicas que se encuentren orientadas a satisfacer las distintas perspectivas y necesidades de los diversos grupos. Obviar lo anterior únicamente contribuye a silenciar voces que, para la sociedad, son de suma relevancia.

En ese sentido se reconoce la labor que se ha realizado en diversas entidades federativas en pro del establecimiento de consejos interreligiosos; dentro de los cuales participan representantes de las diversas iglesias, académicos, organizaciones de la sociedad civil y no creyentes; mismos que, en su conjunto, buscan llegar a un consenso y posicionar temas de interés común en las diversas agendas públicas.

Mediante la apertura de un diálogo interreligioso podremos, en el mediano plazo, llegar a fomentar una cultura de tolerancia, respeto y no discriminación; situación que, inminentemente, viene a sumar a la democracia participativa en el Estado.

Fuente: La Opinión