El papa Francisco pidió «perdón» a los gitanos en nombre de la Iglesia por «las discriminaciones, las segregaciones, los malos tratos», este domingo en un encuentro con representantes de esta comunidad en Rumania.
«Pido perdón -en nombre de la Iglesia, al Señor y a ustedes- por las veces en que, en el curso de la historia, los hemos discriminado, maltratado o mirado mal», declaró el papa en un discurso dirigido a la comunidad gitana de la ciudad de Blaj, ubicada en el centro de Rumania.
El papa Francisco, en la última etapa de su viaje de tres días a Rumania, se reunió con miembros de la minoría gitana que cuenta con entre uno y dos millones de personas en un país con 20 millones de habitantes, donde constituyen una comunidad pobre y a menudo marginada.
El papa fue recibido por miles de personas en el barrio de Barbu Lautaru, construido alrededor de una calle estrecha de casas pequeñas adosadas, comprobaron periodistas en el lugar.
Tras saludar a una familia con un niño que le entregó flores, Francisco se dirigió a los fieles de una pequeña iglesia de barrio pidiendo a los gitanos que «asuman su rol preponderante», sin «tener miedo a compartir y ofrecer esas notas particulares», que son parte de su identidad, citando su sentido «de la familia, de las solidaridad, de la hospitalidad».
En Europa, el número de gitanos se estima en entre 10 y 12 millones.
El papa Francisco llegó a Rumanía el viernes para una peregrinación de tres días por el país que, de muchas formas, completa el viaje realizado en 1999 por Juan Pablo II, la primera visita papal de la historia a la nación de mayoría ortodoxa.
Francisco mencionó ese viaje histórico en su discurso ante el gobierno rumano al elogiar los progresos del país otrora comunista desde que fue “liberado de un régimen que oprimía la libertad civil y religiosa”.
Pero advirtió que los rumanos deben unirse más que nunca para enfrentar los desafíos de hoy. Señaló que la partida de tantas personas en busca de trabajo deja aldeas enteras despobladas y debilita las raíces de la cultura rumana.
“Solo se puede considerar verdaderamente civil una sociedad en la medida que se ocupa de sus miembros más desfavorecidos”, dijo el pontífice.
Entre los momentos más importantes del viaje estará la misa que oficiará para católicos romanos, que en su mayoría hablan húngaro, en el santuario mariano más famoso del país, Sumuleu Ciuc, en la región oriental de Transilvania. Además beatificará a siete obispos greco-católicos que fueron martirizados durante el gobierno comunista, cuando los católicos sufrieron una brutal persecución.
Francisco se reunirá también con el patriarca de la iglesia ortodoxa rumana en el último de sus viajes a naciones pobres en las que los católicos son una minoría. En Rumanía, se dividen además entre dos ritos católicos, el romano y el greco-católico.
“Vengo para que caminemos juntos”, dijo el papa en un mensaje de video publicado en la víspera del viaje.
Francisco y el patriarca Daniel, jefe de la Iglesia ortodoxa rumana, dirán cada uno el Padrenuestro en la catedral ortodoxa, un enorme edificio nuevo al que Juan Pablo II donó 200,000 dólares para su construcción durante su visita en 1999.
El vocero vaticano Alessandro Gisotti destacó que los dos líderes religiosos rezarían en el mismo lugar pero no lo harían juntos, una distinción importante para muchos ortodoxos. Se esperaba la presencia de fieles, a diferencia de la visita reciente de Francisco a Bulgaria, donde se le permitió orar en la catedral ortodoxa en Sofía pero a solas.
La visita de Juan Pablo II en 1999, 10 años después de la caída del Muro de Berlín, fue la primera de un papa a un país de mayoría ortodoxa desde el Gran Cisma cristiano de 1054.
Juan Pablo II accedió a visitar solamente Bucarest y no Transilvania, donde residen la mayoría de los católicos del país. Por consiguiente, en muchos sentidos Francisco completa el itinerario que hubiera querido realizar el papa de origen polaco.
Como entonces, el tema de las propiedades confiscadas a la Iglesia católica y entregada a la ortodoxa por el régimen comunista sigue siendo un tema delicado en las relaciones. Gisotti dijo que no había planes para discutir públicamente el asunto, pero no descartó que las hubiera en privado.
“Vivimos en tiempos de paz y comprensión, pero deseamos que mejoren estas relaciones” entre las iglesias, dijo el vocero del arzobispado de Bucarest, Francisc Dobos. “No debemos tener miedo unos de otros, debemos confiar unos en otros. Esta visita debería volvernos mejores católicos y mejores ortodoxos, y en definitiva, mejores ciudadanos”.
En su primer discurso del viaje apostólico a Rumanía, el Papa Francisco defendió, este viernes 31 de mayo en el Palacio Presidencial de Bucarest, la plena identidad rumana de la Iglesia católica en el País.
El Santo Padre señaló que en Rumanía “la Iglesia Católica no es extranjera, sino que participa plenamente en el espíritu nacional rumano, como lo demuestra la participación de sus fieles en la formación del destino de la nación, en la creación y el desarrollo de estructuras de educación integral y formas de asistencia típicas de un Estado moderno”.
Por eso, “desea contribuir a la construcción de la sociedad y la vida civil y espiritual de vuestra hermosa tierra de Rumania”.
Explicó que “la Iglesia Católica quiere contribuir a la construcción de la sociedad, quiere ser un signo de armonía, esperanza de unidad y ponerse al servicio de la dignidad humana y el bien común. Desea colaborar con las Autoridades, con las demás Iglesias y con todos los hombres y mujeres de buena voluntad para caminar juntos y poner sus talentos al servicio de toda la comunidad”.
En su discurso, el Papa destacó la pluralidad religiosa de Rumanía, un país principalmente ortodoxo donde los católicos son minoría.
Defendió que “las Iglesias cristianas pueden ayudar a redescubrir y alimentar ese corazón palpitante del que brote una acción política y social que partiendo de la dignidad de la persona lleve a comprometerse con lealtad y generosidad por el bien común de la comunidad. Al mismo tiempo, se esfuerzan por convertirse en un reflejo creíble y en un testimonio atractivo de la acción de Dios, promoviendo entre ellas una verdadera amistad y colaboración”.
Por otra parte, el Santo Padre invitó a los rumanos a “dirigir una mirada de conjunto sobre los últimos treinta años desde que Rumania se liberó de un régimen que oprimía la libertad civil y religiosa, la aislaba de otros países europeos y la llevaba también al estancamiento económico y al agotamiento de sus fuerzas creadoras”.
“Durante este tiempo, Rumania se ha comprometido en la construcción de un proyecto democrático a través del pluralismo de las fuerzas políticas y sociales, y del diálogo recíproco en favor del reconocimiento fundamental de la libertad religiosa y la plena integración del país en el amplio escenario internacional”.
Además, también subrayó el reto al que debe hacer frente Rumanía ante el fenómeno de la emigración, “que ha afectado a varios millones de personas que han abandonado sus hogares y sus países de origen para buscar nuevas oportunidades de trabajo y de una vida digna”.
“Pienso en la despoblación de tantas aldeas, que en pocos años han visto marcharse a un número considerable de sus habitantes; pienso en las consecuencias que todo esto puede tener sobre la calidad de vida en esos territorios y el debilitamiento de sus más ricas raíces culturales y espirituales que los sostuvieron en la adversidad”.
Por ello, quiso rendir homenaje “a los sacrificios de tantos hijos e hijas de Rumania que enriquecen con su cultura, su idiosincrasia y su trabajo, los países donde emigraron y ayudan con el fruto de su empeño a sus familias que quedaron en casa”.
“Pensar en los hermanos y las hermanas que están en el extranjero es un acto de patriotismo. Es un acto de hermandad. Es un acto de justicia. Continuad haciéndolo”, exhortó.
Con la caída del comunismo en 1989 y la llegada de la libertad religiosa, el ecumenismo ha sido un reto para las distintas confesiones que pueblan Rumanía, explica el sacerdote rumano Mihai Șona. Ahondar en la comunión es una de las claves de la próxima visita del Papa al país
«La situación en mi país no es de la más fáciles. Rumanía ha estado bajo la cortina de hierro del comunismo y por ello ha sufrido muchísimo», afirma Mihai Șona, sacerdote de 23 años de la Iglesia greco-católica rumana. Sin embargo, la caída del régimen totalitario en 1989 y la llegada de la libertad religiosa al país fue «un gran regalo de Dios para todos». Fue entonces cuando empezó a florecer una colorida diversidad de rumanos, húngaros, alemanes, judíos… en su mayoría ortodoxos, pero también católicos romanos, greco-católicos, calvinistas y luteranos.
En este contexto, los miembros de las distintas confesiones tuvieron que superar sus diferencias y aprender a vivir juntos. «Este es un ejercicio que siempre intentamos hacer», asegura el presbítero. Concretamente, «para la Iglesia católica es un desafío poder adentrarse cada día más en este camino de diálogo».
Alegría común ante la visita del Papa
Este empeño recibirá pronto un espaldarazo con la llegada del Papa Francisco a Rumanía este viernes, en un viaje de tres días en el que visitará Bucarest, Blaj, Șumuleu Ciuc y Iași y durante el que beatificará a siete obispos greco-católicos mártires «que dieron su vida por la fe y la Iglesia católica durante el régimen» comunista.
«El anuncio de la visita del Papa a Rumanía ha sido recibido con gran alegría por la Iglesia católica del país y también por parte de la Iglesia ortodoxa y por el Estado», asegura Mihai Șona. Y, si bien es cierto que «será una bendición para el país entero«, para los católicos, concretamente, «representará un encuentro del rebaño rumano con el gran pastor» y «fortalecerá la alegría y el don de ser católico». «Espero que su viaje sea un tiempo de oración, paz y fraternidad para las Iglesias y el pueblo rumano«.
Vídeo-mensaje de Francisco
Por su parte, el Pontífice ha asegurado este miércoles en un vídeo dirigido al pueblo de Rumanía que viaja al país como «peregrino y hermano» para «caminar juntos». Y ha añadido: «Caminamos juntos cuando aprendemos a custodiar nuestras raíces y nuestra familia, cuando cuidamos el futuro de nuestros hijos y del hermano que está a nuestro lado, cuando vamos más allá de los miedos y las sospechas, cuando dejamos caer las barreras que nos separan de los demás».
En su alocución, el Obispo de Roma también se ha referido a los siete obispos greco-católicos a los que beatificará el domingo 2 de junio. «Por lo que han sufrido, incluso hasta el punto de ofrecer sus vidas, es un legado demasiado precioso como para olvidarlo. Y es una herencia común, que nos llama a no distanciarnos del hermano que la comparte«, ha subrayado.
Periodismo y comunicación
Precisamente, Mihai Șona se ha trasladado estos días desde Roma hasta Rumanía para cubrir la visita del Papa colaborando con la Oficina de Prensa del Arzobispado greco-católico del país. Será, por tanto, una oportunidad para poner en práctica los estudios de periodismo que actualmente está cursando en la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Santa Cruz gracias a una beca del Centro Académico Romano Fundación (CARF).
«En la escuela secundaria quería estudiar periodismo porque me encantaba escribir, pero el Señor tenía otros planes para mí«. Poco después, Șona recibió la llamada al sacerdocio en la Cuaresma de 2014 e ingresó en el seminario diocesano. Sin embargo, estando en Roma para continuar allí «mis estudios, descubrí que el deseo de estudiar periodismo era factible». Sintió entonces que ese era su camino para servir a la Iglesia, incluso una vez ordenado sacerdote.
«A través de mis estudios quiero servir a la Iglesia, a mi Eparquía y a mi obispo en este campo de la comunicación donde todo es tan cambiante. Esto es algo que debe tener en cuenta cada iglesia local, especialmente en su actividad de evangelización«, concluye el sacerdote.