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(Opinión) La libertad religiosa está en peligro

En medio de tanta violencia irracional pasó totalmente inadvertido que el pasado 28 de mayo la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 73/296, la cual promueve al 22 de agosto como el Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas de actos de violencia basados en la religión o en las creencias.

Frente al aumento del flagelo mundial de la persecución religiosa de minorías, la resolución es tajante cuando hace una condena inequívoca a todo acto, método o práctica de terrorismo y extremismo violento favorables al terrorismo, en todas sus formas y manifestaciones, por quienquiera que lo cometa o en dondequiera que se cometa, sin importar su motivación.

La Humanidad no aprendió de la sangre derramada de millones de hombre, mujeres y niños perseguidos y asesinados en nombre de creencias o una religión distinta y empezamos el siglo XXI con las mismas preocupaciones y dilemas que parecían haber sido superados. Sin embargo, los asesinatos de inmigrantes, judíos, católicos, musulmanes en Christchurch en Nueva Zelanda en 2019, Oslo y Utoya en Noruega en 2011, las comunidades cristinas en Sri Lanka, Sudan, Pakistán y recientemente en Ohio y Dayton en Estados Unidos deben generar un clima de severa atención.

Mientras se perpetúa en el imaginario colectivo la caricatura del terrorista islámico con kefia y gritando Allahu Akbar e inmolándose, jóvenes blancos en edad universitaria en El Paso-Texas en los Estados Unidos deciden asesinar a gente porque sienten que su sociedad está amenazada por grupos identitarios minoritarios que buscan la sustitución cultural.

Son precisamente las sociedades más avanzadas y modernas las que presentan en la actualidad los mayores signos de intolerancia con respecto a otras regiones del mundo. En efecto, Europa (Francia y Alemania) y Estados Unidos registran un creciente número de ataques contra edificios religiosos. Debemos recordar que fue la Alemania culta, desarrollada e industrializada la que en el siglo XX produjo el mayor genocidio que jamás conoció la Humanidad asesinando 6.000.000 de judíos por el simple hecho de profesar esa religión.

No es casualidad que mientras los partidos políticos nacionalistas y populistas se fortalecen en el Viejo Continente y Norteamérica aparecen en la superficie movimientos políticos y sociales convencidos por escritos como el de ultraderechista francés, Renaud Camus de que tienen una obligación patriótica de defensa del ser nacional frente a quien los amenaza.

Solo basta leer el estudio realizado por el Pew Research Center que demuestra que sobre un total de 198 países analizados, en 2017 fueron hostigados los cristianos en 143 países; los musulmanes, en 140 países; los judíos, en 87 países; los hindúes, en 23 países; los budistas, en 16 países e, incluso, las personas no identificadas con alguna religión sufrieron algún tipo de persecución en 14 países.

Según publica la Anti Difamation League, una encuesta realizada por la Unión Europea señala que en los últimos 5 años el 89% de los judíos allí sienten que el antisemitismo ha crecido en sus países.

Si bien es cierto que Argentina es considerada en el mundo un ejemplo de diálogo ecuménico e interreligioso, el estudio del Pew señala que han crecido aquí, más que en el resto de la región, dos índices negativos: el nivel de restricciones gubernamentales (como por ejemplo, que el Estado financie y promueva una religión por sobre otras) y el de hostilidades sociales (graffitis antisemitas). El prejuicio, el miedo y la segregación son los aditivos tóxicos con los que se mal alimenta nuestra población y sobre los que el Estado y la sociedad civil deben trabajar y educar para llegar a una Nación más justa, tolerante y con mayor cohesión social.

Fuente: Clarin

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(Opinión) ¿Sería conveniente un Foro Permanente Mundial de las religiones, VI?

Quizás proponer esta sugerencia es hablar para los peces sin ser Antonio de Padua. Pero creo que ya está en el horizonte esta posibilidad. Ya existen encuentros entre todas las religiones. Yo sugiero, evidentemente se estudie y analice, si la ONU o la UNESCO o algún organismo internacional, debería incentivar, o las propias religiones crear un Foro Permanente de las religiones, y que en este lugar físico o material o virtual, puedan alcanzar y hablar y dialogar, y encontrar formas de entendimiento y comprensión, que les haga evolucionar sus principios y conceptos, y especialmente, entenderse con el resto de religiones. Creo que el mundo lo necesita, y creo que Dios, de existir Dios, y si de verdad creen en Dios, creo que Dios sonreirá y le agradaría este proyecto humano.

– Si las religiones, ideologías religiosas, sus jerarquías y sus teologías, no firman la paz entre ellas, el mundo jamás encontrará la paz. Porque de momento, las grandes religiones, sus ideas o creencias son creídas por la inmensa mayoría de personas. Por lo cual, dichas religiones, dichas jerarquías, dichos teólogos, y los fieles en general, tienen la obligación de buscar nuevas soluciones, para que el mundo no caiga en el caos. Porque no olviden que la demografía actual y futura, el poder tecnocientífico, la economía y otros parámetros, la humanidad puede autodestruirse y autoextinguirse. Y no cabe duda, que las ideas e ideologías y metafísicas, son los pilares todavía de la humanidad, de las creencias a y en todos los sentidos. Por consecuencia reitero la necesidad, que el mundo cree conferencias permanentes, foros permanentes, en las que todas las religiones y teologías puedan ponerse de acuerdo, al menos, en puntos esenciales, que pueden ser negativos para la paz, e incentiven la violencia.

Los grandes organismos internacionales, con sus grandes medios, deberían llegar a acuerdos con las grandes religiones e ideologías religiosas y filosofías mundiales, para intentar buscar modos y maneras de que esta sugerencia pueda perfeccionarse y cristalizar y materializarse.

– Las mismas religiones, sus principios, sus fieles, sus jerarquías, sus teologías o sus concepciones, si quieren de verdad ser respetadas en el mundo, deben en todos los lugares del mundo, aplicar unos principios morales mínimos. Es decir, no pueden las religiones, ni sus jerarquías, ni sus teologías, ni sus grupos, hablar de un modo en unos lugares, dónde son minoría y actuar de otro modo dónde son mayoría.

Cada vez, el mundo debido al aumento demográfico, la tecnociencia y el poder secular que la humanidad está alcanzando, el mundo camina hacia mayores niveles de ateísmo y agnosticismo. Ahora se nota especialmente en Occidente, pero los medios de comunicación, permitirá que dicha realidad se vaya expandiendo por todas las geografías, sociedades, culturas, religiones…  Por lo cual, las religiones tienen que dar ejemplo, de representar los grandes valores de respeto y de humanidad y de filantropía. Si en el pasado o en época de su creación, de esas religiones se tomaron determinadas decisiones, éstas no pueden ser aceptadas ahora.

Son las propias religiones, las que deben dar ejemplo, de respeto y de tolerancia, a las personas de otras religiones. Pueden y deben expresar sus puntos de vista, pero en cuanto a la práctica social, deben ser tolerantes, y respetar los Derechos Humanos. Esto es esencial para el mundo, y para las mismas religiones.

De no hacerlo así, las religiones irán reduciéndose su presencia en la humanidad, y el mal y la maldad se irá extendiendo. Porque las religiones, al menos las grandes religiones, en sus grandes principios, no en todos, pero si en la inmensa mayoría son fuerzas de paz y de progreso y de tolerancia. O al menos deben serlo.

– Las ideologías no religiosas, incluso ateas y agnósticas, que cada vez, están tomando más poder en el mundo. No pueden permitir que en sus nombres sean perseguidas las personas por tener una religión o tener otra.

Los ateos y agnósticos, personas o grupos o colectivos o ideologías, no deben minar y hacer disminuir tanto el cristianismo, como llevan haciendo, por unas razones o por otras, porque lo único que conseguirán es que el cristianismo se vaya debilitando y reduciendo en Occidente, pero si desaparece, el cristianismo, no desaparecerá la religión, sino que en su lugar vendrán otras religiones y tradiciones religiosas que no serán tan tolerantes como es el cristianismo.

Por consecuencia, a mi modo de captar la realidad, los movimientos ideológicos ateos y agnósticos y no creyentes, no deben debilitar tanto el cristianismo, como ya se ha conseguido, por multitud de razones, pero entre otras, por la lucha y presión ideológica que llevan haciendo en Occidente, desde hace varios siglos. Y no olviden, que el ser humano, es religioso en lo profundo de su ser, y si el cristianismo se reduce aún más, ese lugar lo ocupará no solo el ateísmo o agnosticismo, sino otras religiones. Y posiblemente a otras religiones, y con otras religiones, el ateísmo y agnosticismo no le permitirán tantos derechos.

Por lo cual, si yo fuese ateo o agnóstico, intentaría que el cristianismo en el mundo no se debilitara más. Por el bien de todos, de todas las personas de todas las religiones, por el bien y para el bien de los ateos y agnósticos…

Fuente: Eurasia Hoy

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(Opinión) La mofa de los sentimientos y símbolos religiosos

Por: ALBERTO PATIÑO REYES

El 7 de marzo del año en curso, en la sesión ordinaria de la Cámara de Senadores, se aprobó un Punto de Acuerdo de la Comisión para la Igualdad de Género, confiriéndole el “Reconocimiento Elvia Carrillo Puerto” a la ciudadana María Consuelo Mejía Piñeiro. Este acontecimiento hubiera pasado desapercibido, salvo por una frase de la Senadora Jesusa Rodríguez Ramírez, del grupo parlamentario de Morena, al fijar su postura expresó—cito la versión estenográfica— “Por eso celebro, festejo que una mujer como María Consuelo Mejía, que además de ser católica es inteligente, cosa que no es muy común, nos parece maravilloso que ocurra y que concurra en esta ocasión, está feliz concurrencia y que le estemos dando una medalla a una mujer brillante que ha salvado la vida de muchísimas otras mujeres” Provocando airadas protestas, tanto de los legisladores aludidos como de la opinión pública. AQUI

En otro escenario, en la Ciudad de México, durante la marcha por el Día Internacional de la Mujer, la manifestación vino acompañada de pintas ofensivas en paredes de templos católicos del centro de la CDMX, algunos catalogados como históricos. La furia contra todo símbolo católico llegó al extremo de agredir verbalmente a un sacerdote que terminaba la jornada de confesiones en la Catedral Metropolitana, con una sarta de epítetos injuriosos y por demás ofensivos. AQUI

Ahora, también sostengo que en los casos antes mencionados no se puede argumentar la defensa de la libertad de expresión, porque las ofensas a los sentimientos y símbolos religiosos se dieron en torno del espacio público: el pleno de sesiones de la cámara de senadores y las calles del centro histórico de la CDMX. Lo delicado es que en la práctica la ofensa a los sentimientos religiosos suele realizarse con apariencia de legitimidad con el argumento de la libertad de expresión (publicaciones, exposiciones, medios de comunicación) y otra cosa distinta es usar el espacio público como palestra para atacar: esta libertad tiene límites.

Ciertamente, no toda forma de insulto a la religión puede erigirse en límite para la libertad de expresión, ni configurarse como derecho que aquella quede al abrigo de toda crítica, pero se admite que la libertad religiosa pueda verse lesionada por expresiones gravemente ofensivas, generadoras de un efecto inhibidor respecto al derecho a tener o a manifestar las propias convicciones.

Fuente: El Universal

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(Opinión) ¿Son las personas religiosas más felices, más sanas y comprometidas?

¿Son las personas religiosas más felices, más sanas y comprometidas? La pregunta es pertinente porque hace años que los diversos estudios de opinión sobre los efectos de la religión sobre la vida de las personas responden con un sí en la gran mayoría de casos. Ahora el Pew Research Center, un think tank que cuenta con un gran reconocimiento mundial por sus indagaciones sobre opinión en Estados Unidos y a escala global, ha vuelto ha estudiar el tema, prácticamente un “clásico”, en una aportación más de lo que constituye  uno de sus siete grandes ejes de trabajo, el que trata sobre religión y vida pública.

En la relación entre la fe religiosa vivida, y felicidad percibida, salud, y participación, sucede algo parecido a lo que acaece en el plano educativo, en el que los alumnos religiosos tienden a obtener un mejor rendimiento. Este es un dato que también ha venido siendo corroborado desde los trabajos de Coleman sobre capital social y capital humano allá por los años ochenta del siglo pasado.

Un amplio estudio

Ahora el Pew Research aporta los resultados de las encuestas de 26 países. Presenta las opiniones de los encuestados clasificados en tres categorías: los “religiosos activos”, que pertenecen a una religión y asisten a un centro de culto al menos una vez al mes; los “inactivos religiosos”, que se identifican con una confesión religiosa pero asisten con menos frecuencia; y los “no afiliados” que no forman parte de ninguna religión.

Son más felices

Los resultados son bastante evidentes. Las personas activamente religiosas tienen más probabilidades que las menos religiosas de describirse como “muy felices” en la mayoría de los países. A veces, las brechas son sorprendentes: en los EE.UU., por ejemplo, el 36% de los religiosos activos se describen a sí mismos como “muy felices”, en comparación con el 25% de los religiosos inactivos y el 25% de los no afiliados. Notables brechas de felicidad entre estos grupos también existen en Japón, Australia y Alemania. De hecho, hay diferencias muy grandes en muchos países, de diez puntos y más. Como en los casos de México, Australia, Brasil, y Uruguay, con la singularidad que es el país menos religioso de América Latina, así como diversos países del continente asiático. Hay algunas excepciones, y precisamente España (junto con Ecuador) es una de ellas. En estos dos casos la proporción de personas felices es superior entre los no afiliados que entre los religiosos activos. Existe además en el caso de España una segunda diferencia llamativa, al menos en los datos del Pew: el bajo porcentaje de población que se considera feliz en el conjunto de la población. En todo caso, la cuestión de los católicos practicantes españoles, porque este es el grupo en términos concretos, y su bajo nivel de felicidad es un interesante motivo de reflexión. ¿Por qué constituyen una excepción tan notoria?

Menos diferencias en la salud

No existe una conclusión tan clara en relación con la salud en general, en términos de considerarla “muy buena”. Solo para EE.UU., Taiwán y México, la conclusión resulta claramente afirmativa. Lo que sí se hace evidente, y ello sí ha de tener una consecuencia específica sobre la calidad de vida, es que los religiosos activos son generalmente menos propensos que los no afiliados a fumar y beber. En todos menos dos de los 19 países para los que se dispone de datos, los religiosos activos tienen menos probabilidades que los no afiliados de fumar, y, en todos los países menos uno, son menos propensos que los religiosos inactivos a hacerlo. Los religiosos activos también tienden a beber menos, aunque los resultados no son tan claros: en 11 de los 19 países, las personas que asisten a los servicios al menos una vez al mes tienen menos probabilidades que el resto de la población de beber varias veces por semana. Claro que en esto la cantidad y el tipo de ingesta alcohólica, sobre la que no se tienen datos, resulta determinante.

Una mayor participación

Las personas que asisten a servicios religiosos al menos una vez al mes son más propensas a unirse a otros tipos de organizaciones, como ONG y asociaciones, que las no religiosas. Están más comprometidas con su comunidad. Esto es así en 8 de los 26 países encuestados. Y en 12 países, las personas religiosas son más propensas que las personas inactivas a unirse a grupos no religiosos. En el caso de España se produce otra vez una excepción en términos de participación en otras asociaciones, como ya sucedía con la felicidad, aunque este caso es compartido con un mayor número de países: los no afiliados presentan un nivel de participación superior, y además con una distancia significativa entre ambos, porque no se trata de uno o dos puntos, que poco dicen dados los márgenes habituales de error de las encuestas, sino de nada menos que seis puntos. Los resultados también señalan, repitiendo lo que hemos visto en el caso de la felicidad, que España se encuentra en la cola en cuanto a participación.

Participación electoral

Con la participación electoral sucede algo distinto y España se alinea con el comportamiento mayoritario. El 83% de los religiosos practicantes participan siempre en las elecciones contra el 62% de los inactivos y el 53% de los no afiliados. Estos datos son consistentes con las encuestas poselectorales de CIS que señalan algo parecido. El voto “católico” valdría más porque de cada cien acuden 83, mientras que, entre los no religiosos, ateos, agnósticos, o indiferentes, prácticamente solo acuden a votar la mitad. Pero a pesar de esta ventaja en la participación, su efecto en las elecciones es marginal, porque no existe, también a diferencia de la mayoría de los países, una cultura política católica que oriente el comportamiento electoral. Al menos hasta ahora.

Fuente: Religión en Libertad

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(Opinión) El lugar de las religiones en la lucha contra la corrupción

La construcción de una cultura de integridad necesariamente se inicia con la educación de los jóvenes. El conocimiento, las habilidades y los comportamientos que puedan adquirir en sus establecimientos educativos darán forma al futuro de la región.

La fragilidad del discernimiento ético que ha conllevado a gravísimas tragedias a lo largo de la historia es también el factor que estimula los comportamientos ligados a la corrupción que actualmente enfrentamos. Sus razones están, en primer término, en la dificultad de entender la complejidad de la realidad, lo cual lleva a una mirada simplista de las cosas. Una segunda causa es la escasa conciencia del derecho del otro y del deber propio, debido a un individualismo pragmático muy extendido. Y, en tercer lugar, la crisis de la familia, la carencia de comunidad y el desprestigio de las instituciones públicas que han provocado una desatención de la educación en valores.

A ello se suma un discurso religioso que, en ocasiones, parece desconocer los problemas reales que viven las personas. Como consecuencia de toda esta situación, se ha agudizado el círculo vicioso de las medias verdades, de la desinformación (posverdad) y de los aprendizajes negativos que los niños, niñas y adolescentes reciben en el espacio público.

Desde 2004, diversas organizaciones educativas religiosas católicas, protestantes, evangélicas, judías, islámicas e indígenas de América Latina vienen reuniéndose en el Consejo Interreligioso Latinoamericano de Educación para la Paz (Cilep), bajo la convocatoria de Religiones por la Paz América Latina y el Caribe, para poner en diálogo, mediante el encuentro fraterno, sus saberes, sus experiencias y sus recursos en la construcción de una cultura de paz en ámbitos educativos religiosos de la región.

Consciente de la enorme crisis ética que acompaña a la persistente corrupción en la región, así como su afectación a la convivencia democrática, componente clave de toda cultura de paz, el Cilep está generando un esfuerzo articulado de las organizaciones educativas religiosas que apunta a promover los valores de la honestidad, la confianza y el respeto, y a fortalecer el discernimiento ético para generar comportamientos individuales y colectivos basados en la integridad. Las instituciones educacionales inspiradas en la fe están convocadas a liderar esta tarea y, de este modo, a contribuir a la regeneración moral de nuestras sociedades.

La cooperación multirreligiosa incluye al diálogo interreligioso, pero va más allá y se materializa en acciones comunes. Las comunidades de fe participantes en el Consejo Latinoamericano y Caribeño de Líderes Religiosos perciben preocupaciones morales ampliamente compartidas en la transformación de conflictos violentos, la promoción de sociedades justas y armoniosas, el avance del desarrollo humano y la protección de la tierra, y las traducen en acciones multirreligiosas concretas en la región.

Como parte de los sistemas educativos de nuestros países, la participación de las instituciones educacionales religiosas es fundamental para inspirar normas de integridad pública a una edad temprana. Los currículos escolares religiosos deben involucrar a los jóvenes en un diálogo y una exploración permanentes sobre cómo ellos, como ciudadanos, pueden proteger la integridad pública.La educación para la integridad pública debe inspirar un comportamiento ético entre los jóvenes y equiparlos con los conocimientos y las habilidades para resistir la corrupción.

Haciendo frente a este escenario, el Cilep alienta a las organizaciones educacionales inspiradas en la fe a desarrollar programas educativos que promuevan la capacidad de discernimiento de los problemas, tanto individuales como colectivos, empleando su propia ética religiosa, de modo que se alienten comportamientos basados en la integridad, entendida como una convivencia fundada en los valores de la honestidad, la confianza y el respeto.

Con el propósito de impulsar el desarrollo de estos programas educativos, Religiones por la Paz América Latina y el Caribe presenta la publicación «De la cultura de la transgresión a la cultura de la integridad. Aportes para la enseñanza de la ética pública en las escuelas religiosas de América Latina», que esperamos se difunda extensamente entre las instituciones educaciones religiosas de la región.

Fuente: Infobae